Así empezó todo, casi sin contar, el lunes me levanté, encendí
el ordenador y chequee los precios de los billetes de avión, como todos los días…
y ahí estaba, el viaje para el domingo a 900€, lo más barato que había visto en
mucho tiempo. Definitivamente ese viaje estaba esperando por mí. Antes de
atreverme a comprarlo les pregunte a mis amigas de chile que les parecía si
viajaba el domingo. La respuesta fue rotunda “No puedo creer que el lunes te vaya
a ver!!” Así que el martes a la noche compré el pasaje que me llevaría desde
Santiago hasta Santiago, 24 horas de vuelo, tres aviones y tres escalas con muy
poco tiempo entre ellas.
Lo peor de salir con tan poco tiempo es que no puedes
despedirte de la gente. Pero bueno, después de un año amenazando con irme creo
que no fue una sorpresa para nadie. Cuatro días de locura y muchas despedidas
apresuradas después me encontraba el domingo otra vez en el aeropuerto. Despedirme
ya es algo común en mí. En esos casos normalmente no siento pena, solo excitación
por una nueva aventura, nervios por el vieja, por lo que me espera al llegar. Para
mí no es una despedida, siempre es un hasta luego, siempre volvemos a
encontrarnos….
Otra señal de que este era mi viaje es lo fácil que fue
todo. Todos los aviones salieron a su hora. No tuve un solo problema en ninguna
de las aduanas. Pese al poco tiempo de escalas siempre llegue a los vuelos con
tiempo de sobra para descansar y hablar con la gente. En mi vuelo iban dos
chicos vascos de mi misma edad con los que pude compartir las muchas horas
muertas que pasas en un avión. Y casi sin darme cuenta estábamos en Santiago,
pero esta vez de Chile.
La aduana fue una tontería, yo y los dos chicos solo tuvimos
que decir que íbamos de vacaciones y nos quedábamos con unos amigos. La declaración
de objetos otro tanto de lo mismo. Y de repente estábamos fuera, rodeados de
mil taxistas que no hacían más que preguntarnos si queríamos ir a algún lugar. Conseguimos
salir del aeropuerto y en la calma de la calle centrarnos en localizar a
nuestros respectivos amigos y en su caso, futuros jefes.
Lo gracioso fue que durante todo el viaje todos jurábamos y perjurábamos
que íbamos de vacaciones, en cuanto salimos del aeropuerto fue el momento de la
verdad y todos dijimos a lo que íbamos. Ellos ya tenían trabajo pero no habían tenido
tiempo para tramitar los visados. Ya con calma y mientras ellos vigilaban mis
tres maletas pude localizar a B. y a J. y después de hacer un auténtico
tetris para encajar los tres y las maletas en el coche nos fuimos a Santiago.
Y a partir de ahí empezó lo que seria mi primera semana de
vacaciones en Chile, que ya os contare en la siguiente entrada. Espero no
haberos aburrido demasiado.
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