domingo, 20 de enero de 2013

Residencia en la Tierra

Estas últimas semanas han sido una locura. Desde el lunes que desperté con la idea en la cabeza de que tenía que ser esa semana o nunca todo ha ido demasiado rápido como para que pudiese pararme a pensar. Ahora, una semana después de haber empezado mi viaje por fin tengo tiempo de pararme a analizar.
Así empezó todo, casi sin contar, el lunes me levanté, encendí el ordenador y chequee los precios de los billetes de avión, como todos los días… y ahí estaba, el viaje para el domingo a 900€, lo más barato que había visto en mucho tiempo. Definitivamente ese viaje estaba esperando por mí. Antes de atreverme a comprarlo les pregunte a mis amigas de chile que les parecía si viajaba el domingo. La respuesta fue rotunda “No puedo creer que el lunes te vaya a ver!!” Así que el martes a la noche compré el pasaje que me llevaría desde Santiago hasta Santiago, 24 horas de vuelo, tres aviones y tres escalas con muy poco tiempo entre ellas.

Lo peor de salir con tan poco tiempo es que no puedes despedirte de la gente. Pero bueno, después de un año amenazando con irme creo que no fue una sorpresa para nadie. Cuatro días de locura y muchas despedidas apresuradas después me encontraba el domingo otra vez en el aeropuerto. Despedirme ya es algo común en mí. En esos casos normalmente no siento pena, solo excitación por una nueva aventura, nervios por el vieja, por lo que me espera al llegar. Para mí no es una despedida, siempre es un hasta luego, siempre volvemos a encontrarnos….

Otra señal de que este era mi viaje es lo fácil que fue todo. Todos los aviones salieron a su hora. No tuve un solo problema en ninguna de las aduanas. Pese al poco tiempo de escalas siempre llegue a los vuelos con tiempo de sobra para descansar y hablar con la gente. En mi vuelo iban dos chicos vascos de mi misma edad con los que pude compartir las muchas horas muertas que pasas en un avión. Y casi sin darme cuenta estábamos en Santiago, pero esta vez de Chile.

La aduana fue una tontería, yo y los dos chicos solo tuvimos que decir que íbamos de vacaciones y nos quedábamos con unos amigos. La declaración de objetos otro tanto de lo mismo. Y de repente estábamos fuera, rodeados de mil taxistas que no hacían más que preguntarnos si queríamos ir a algún lugar. Conseguimos salir del aeropuerto y en la calma de la calle centrarnos en localizar a nuestros respectivos amigos y en su caso, futuros jefes.

Lo gracioso fue que durante todo el viaje todos jurábamos y perjurábamos que íbamos de vacaciones, en cuanto salimos del aeropuerto fue el momento de la verdad y todos dijimos a lo que íbamos. Ellos ya tenían trabajo pero no habían tenido tiempo para tramitar los visados. Ya con calma y mientras ellos vigilaban mis tres maletas pude localizar a B. y a J. y después de hacer un auténtico tetris para encajar los tres y las maletas en el coche nos fuimos a Santiago.

Y a partir de ahí empezó lo que seria mi primera semana de vacaciones en Chile, que ya os contare en la siguiente entrada. Espero no haberos aburrido demasiado.


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