lunes, 25 de marzo de 2013

Maremoto


Ya por fin toca actualizar con un poco de vida real. Y creo que es justo para todos empezar con una confesión: La verdad es que no me gusta trabajar, pero no nos engañemos, a quien le gusta?? Puede que te guste tu trabajo, pero en cuanto se convierte en una obligación pierde toda la gracia y levantarse todas las mañanas a la misma hora por sistema acaba con el encanto de cualquier cosa. Después de esta actualización vamos a lo que importa, como encontrar casa en Santiago de Chile.

Mi primera intención era encontrar un trabajo y en función a donde estuviese el trabajo encontrar un departamento. El transporte público acá es bastante caro, en hora punta cuesta unos 670 pesos (como un euro y algo) y va absolutamente lleno. Además, aquí no existen los bonos mensuales, así que pagas todas y cada una de las veces que lo utilizas el mismo precio. Hay zonas horarias reducidas, pero a la hora que la gente normal entra y sale del trabajo es más caro (de una lógica que no veas el asunto….)

El caso es que una planea las cosas y al final… pues nada sale como lo piensas. Al final decidí que iba a hacerlo al revés, estábamos en pleno verano y encontrar trabajo no era una tarea nada fácil… imaginaos Madrid en agosto de los años 80… ni un alma en la ciudad. Lo que tiene de bueno es que los niveles de polución del aire están en mínimos, pero como contrapartida es más difícil encontrar trabajo. Así que decidí tomármelo con calma, disfrutar del verano, ponerme morena y dejar que las cosas simplemente sucediesen cuando tenían que suceder. A mediados de febrero volvimos a Santiago porque B tenía un festival de música electrónica y yo ya me sentía culpable por no estar buscando trabajo y casa como una loca. Así que de vuelta a Santiago me encontré con que tenía tres departamentos por visitar y una cena en casa de P y J el viernes, para comer por fin una tortilla de patata!!!

Y como decía antes todo sucede cuando tiene que suceder, así que el viernes llegue temprano por primera vez en mi vida a un evento y mientras P preparaba la tortilla me contó que su compañera de casa se mudaba justo al mes siguiente. Y así fue como encontré casa. De la forma más sencilla y absurda posible,.. Evidentemente estoy encantada, que mejor que compartir casa con gente conocida. Además, el departamento tiene todo lo que buscaba, está bien ubicado, tiene conserje 24 horas (o eso se supone) y no tiene tonterías como piscina o gym que hacen que el precio de los gastos comunes se dispare. Y otro pequeño detalle, en el barrio hay un cruce de pitbull de color gris con las patas delanteras blancas, del que estoy absolutamente enamorada, y al que veo todas las mañanas cuando voy a trabajar. Así que de repente tengo una casa que me encanta, en muy buena zona, con unos compañeros geniales y un perro adorable se come mis patatas del McDonals cuando llegamos a casa demasiado borrachos como para darnos cuenta de que esa comida es pura basura… se puede pedir algo más??

Evidentemente ese mismo fin de semana tenia concertadas otras tres visitas para ver departamentos pero curiosamente en dos casos los dueños tuvieron alguna clase de inconveniente por el que tuvimos que cancelar la cita y en el tercero, pese a que la zona era buena, el departamento era un desastre y estaba completamente sucio, imposible vivir ahí.

De repente en marzo tenia casa, pero seguía sin tener trabajo. Así que me plantee que ya que ahora tocaba pagar el arriendo todos los meses ya iba siendo horas de ponerse en serio con lo de buscar trabajo. Y para eso este país es absolutamente desesperante. No existe una página como infojobs donde puedes encontrar una gran cantidad de ofertas de trabajo. Aquí hay como mil páginas y dependiendo del sector es más fácil encontrar ofertas relacionadas con diferentes trabajos. Pero el mayor problema que me encontré fue que para poder acceder a las páginas buenas me hacía falta un RUT (el equivalente del DNI español) y se supone que sin trabajo no hay visa y sin visa no hay RUT. Sin embargo cuando se lo comenté a P me dijo que ella al llegar solicito un RUT provisorio como turista. Aparentemente ahora ya no lo conceden tan fácilmente, empieza a haber demasiados españoles por este país y se han puesto un poco quisquillosos. Pese a todo decidí intentarlo y después de esperar en una fila al sol durante media hora llegue a junto un funcionario que me amenazo con deportarme del país si se me ocurría intentar trabajar con ese RUT. Yo lo mire toda seria y le dije “estoy de vacaciones, tengo cara de querer trabajar? lo que quiero es poder comprarme cosas que sin el RUT en este país es imposible” Creo que fui lo suficientemente convincente porque se limitó a darme el formulario de solicitud y tras decirme que ya podía invertir en el país salí de allí con un papelito con mi nuevo número de RUT y me fui directa a casa a registrarme en las páginas buenas de búsqueda de trabajo.

Después de una semana enviando curriculums como si no hubiese mañana empezaba a estar desesperada. Evidentemente es una fase que pasamos todos estando aquí y obviamente es algo absolutamente ridículo, desesperarse por buscar trabajo durante una semana y no encontrarlo… es más que ridículo. El caso es que un jueves me desperté a las siete de la mañana, que es a la hora a la que entran a trabajar los de la obra de al lado, y pensé que ya estaba bien, que quería un trabajo ya. Y justamente mi teléfono de España sonó. Mi tía me había conseguido un pituto (enchufe) desde España. Me paso los datos de una empresa española que estaba buscando una persona para el departamento de contabilidad y necesitaban que hablase inglés y tuviese licencia de conducir. Al principio mire el mensaje sin entender nada, no os olvidéis de que eran las siete de la mañana y normalmente me acuesto a las dos. Pero la coincidencia de pensamiento cabreado y señal del universo… jejejeje pues digamos que me descoloco un poco, pero evidentemente no tarde ni dos minutos en ponerme en pie, y enviar un mail a la empresa con mi curriculum.

Durante varios días no supe nada de ellos. Y el lunes, cuando ya estaba en plan, “si no me responden voy hasta la oficina”, recibí una llamada para concertar una entrevista, en un Starbucks para el día siguiente. En la entrevista el chico me explico que se había sorprendido muchísimo por mi email. Se supone que el proceso de selección lo habían cerrado el lunes y mi CV se lo envié el jueves siguiente. Aparentemente tuvo problemas para entrevistar a una de las postulantes, que después de poner mil problemas para concertar una entrevista, resulto no dar el perfil. Tras una hora charlando sobre los requerimientos del puesto, las futuras tareas y demás yo ya tenía claro que me interesaba el puesto. Mi único problema era la falta de visa, pero la empresa está acostumbrada a traer trabajadores de España, por lo que eso no era un problema para ellos. J me dijo que en realidad ya tenía a una chica seleccionada, pero que de repente dudaba entre nosotras dos y que necesitaba pensarlo y consultarlo con España. Yo me fui a casa con muy buena sensación, es una maravilla que en tu primera entrevista ya te digan que les gustas.

Evidentemente no iba a quedarme en casa esperando así que seguir enviando CV’s y al día siguiente me llamaron para otra entrevista de recepcionista. El puesto no me mataba, pero el sueldo era bueno. Ahí sí que me enfrente a una entrevista a la chilena, con su psicóloga tomando notas y los test estos raros. Tuve que responder a un montón de preguntas absurdas, dibujar una chica sonriendo debajo de un paraguas y elegir una serie de seguros según los datos que me daban… me dio tiempo hasta a repasar los datos incluso teniendo dislexia…. Salí contenta de la entrevista, pero sabía que el hecho de no tener referencias en el país ni visa era un problema. Pero bueno, toda práctica es buena. Y mientras estaba en la entrevista mi teléfono no paro de sonar. Y por fin me llamaron para una entrevista de una empresa de calzado, por fin algo relacionado con el diseño. Lo malo… que el puesto de trabajo está a hora y media de Santiago. Parte de la entrevista consistió en conseguir llegar a las  nueve y media de la mañana. El viernes me levante a las seis de la mañana, me duche y tome un metro atestado durante media hora. Después encontré la terminal de buses y me pase una hora mirando el paisaje hasta Peñaflor y como me parecía poco aun camine otros diez minutos hasta la fábrica. Después de una entrevista realmente interesante me pidieron que diseñase dos zapatos y que fuese paciente puesto que el proceso iba a ser largo. Así que toda contenta volví a caminar diez minutos, volví a subirme a una micro por una hora y volví a tomar el metro durante otros treinta minutos para llegar a casa y meterme en cama.

El caso es que el lunes siguiente ya estaba aburrida de esperar y les envié un mail a la empresa española preguntándoles si estaban interesados en mi o no. Me llamaron al momento para confirmarme que esa semana empezaba a trabajar. Así que ahora tengo trabajo a 20 minutos andando de mi casa, lo peor es que en este país se trabajan 45 horas semanales, lo que significa que empiezo a trabajar a las 8 y salgo a las 6, pero fui yo la que escogí mi horario, lo que está realmente bien. Ahora en cuanto me organice me comprare un bici y descubriré si estar sin montar en bici desde los 12 años ha afectado a mis capacidades… se supone que tengo ciclovia hasta el trabajo, así que aunque no estoy demasiado acostumbrada no va a ser tan peligroso.

En definitiva, en esta vida todo sucede por algo y siempre atraemos hacia nosotros aquello que nos sucede… y si pides un trabajo y una casa eso es lo que vas a tener. Yo soy poco exigente. No pretendo hacerme rica, simplemente poder vivir y ser feliz. No estresarme demasiado y pásamelo bien. Evidentemente mi salario no es una maravilla y no puedo permitirme maquillaje caro, pero para eso ya tengo a mi adorable abuela que cuando se enteró de que aquí no hay buen maquillaje decidió enviarme dinero para que no pase necesidad. Se puede vivir sin comer pero no se puede vivir sin maquillarse!!! jejejejejeje

lunes, 18 de marzo de 2013

Las uvas y el viento


Sé que prometí que esta entrada iba a tratar sobre la vida real… pero en la anterior se me quedó en el tintero una anécdota que no puedo dejar sin contar… es la vida real, pero la vida real de Chile, así que es difícil para mí verlo como tal… es más una experiencia surrealista… algo que a mí me chocó y al mismo tiempo me encantó… os voy a contar mi primera experiencia en un “taller” mecánico en Santiago.

B tuvo un pequeño problema con su auto y tuvimos que ir a reponer uno de los cristales de la ventanilla del conductor. Evidentemente si íbamos al taller oficial le cobraban 80 lucas (unos 130€) por cambiar un cristal del tamaño de mi mano así que fuimos a una zona conocida por que todas las tiendas de repuestos están allí igual que los “talleres mecánicos”. Básicamente son varias calles en las que nada más entrar te sientes como en un universo paralelo. En un momento estas en una zona residencial como otra cualquiera, con sus edificios con portero y perros durmiendo en las sombras y de repente, al girar en una esquina te encuentras en una calle llena de autos y edificios con apariencia más que dudosa. No es una calle estrecha, más bien al contrario, son  unos tres carriles en los que esperan los “captadores”, con autos aparcados en batería a ambos lados. Los edificios son mayoritariamente de planta baja o como mucho de una planta, medio ruinosos, alguno incluso no tiene tejado o puertas. Básicamente los hombres que esperan entre el tráfico se acercan a cualquier auto que se atreva a meterse por esa calle para ofrecerte sus servicios. En realidad en función de lo que vayas a hacer te derivan a un lugar o a otro… evidentemente cada uno tiene como sus “mecánicos” para los que trabajan. Esquivando por poco al primer hombre que arriesgaba su vida en medio de la calle, le comentamos nuestro problema al segundo que encontramos y muy amablemente nos indicó donde estacionar y esperamos a que un chico nos hiciera un presupuesto. Básicamente corrió hacia la tienda de repuestos más cercana y nos pidió 25 lucas por el cristal y el trabajo. La diferencia de coste es espectacular. Y más todavía el método de trabajo. Allí, en medio de la calle te desarman el coche y lo arreglan mientras tu esperas en la acera rodeada de la gente más rara que te puedas imaginar… después de unos 20 minutos la cristal estaba listo y nosotras volvimos al mundo real con solo girar en la siguiente esquina… sigo teniendo la sensación de que atravesamos alguna clase de portal hacia un mundo paralelo y no seré capaz de volver a ese sitio jamás… jejejejeje

Hasta ahí mi pequeña anécdota. Sé que tengo mil cosas que contaros, pero mañana tengo que estar en mi nuevo trabajo a las 8.30. Y si!! Tengo trabajo!! No todo iban a ser vacaciones!! Pero el cómo llegue a tener trabajo y casa propia va en el siguiente post, esta vez os prometo que sí!!

miércoles, 6 de marzo de 2013

Memorial de Isla Negra


Para variar en lugar de ser una chica aplicada y ponerme a buscar trabajo como loca en cuanto volvió B de su súper viaje (envidia asquerosa que me da) hicimos las maletas y nos fuimos a Reñaca.

De verdad prometo que yo vine a este país a trabajar. Sin embargo es difícil centrarse cuando todo es nuevo… y cuando es verano!!! Sinceramente, entre ponerse a buscar trabajo e ir a la playa, quien en su sano juicio escogería trabajar??? Así que sin cargo de conciencia alguno y con mil tareas pendientes me fui a la costa.

No os penséis que fue solo playa y fiesta, de eso hubo pero la mayor parte del tiempo yo estaba demasiado cansada así que tampoco nos excedimos demasiado. Lo siento, a mí la playa me cansa… pero bueno, como no salíamos mucho teníamos tiempo y ganas de dedicarnos a cosas más culturales. Y que puede haber más chileno que visitar la casa de Pablo Neruda. Por si alguno tiene pensado recordarme que ya fui a la casa de Pablo aviso de que en Chile tenía tres casas, y dos de ellas las visitamos en nuestra segunda visita a la costa.

Pablo Neruda a parte de un gran poeta era un gran coleccionista. Sus casas están llenas de objetos curiosos que hacen que visitarlas sea una aventura y una delicia. Entre el millón de objetos raros seguro que encuentras algo que te encanta.

La primera casa que fuimos a visitar fue La Sebastiana, en Valparaíso. Pero primero tuvimos que llegar allá. Yo reconozco que es raro que me asuste por la forma de manejar de los micreros (traducción: por como conducen los psicópatas que llevan los buses), sin embargo, en este viaje, cuando la micro tomaba las curvas adelantando todo lo que se le ponía delante tengo que reconocer que me asustaba un poco. 
Para que os hagais una idea esta es una micro nueva (normalmente su estado es mucho peor)


Después de subir medio cerro corriendo tomamos un colectivo (taxi que tiene una ruta prefijada pero solo arranca cuando está lleno) que nos dejó en la puerta de la casa. Lo más impresionante nada más llegar son las vistas. Evidentemente dentro de la casa no puedes hacer fotos, pero te dejan hacer fotos desde las ventanas. La casa es estrecha y alta. Llena de objetos curiosos, desde un pájaro disecado a una chimenea redonda diseñada por el propio poeta que haría feliz a cualquier amante del arte pop. Para mí lo mejor fue el pasillo de la segunda planta. Al torcer en la estrecha escalera te encuentras en una sala pintada a rayas rosas y blancas que cambian de tonalidad a medida que te acercas al salón. El marco de la puerta deja ver el océano pacifico en todo su esplendor al fondo… a mí me dejo sin respiración.

Vista desde la entrada a La Sebastiana

Después de visitar la casa bajamos parándonos en todas las esquinas, disfrutando del arte callejero. Sin contar acabamos en uno de nuestros lugares favoritos, un hostal cuyo acceso está lleno de pequeñas pinturas de paisajes de Valparaíso. Puedes encontrar imágenes hasta en la piedra más pequeña. Después toco volver a subirse a una micro infernal, pero yo ya iba media dormida. B se sorprendía de que pudiese dormir en semejantes circunstancias… que le vamos a hacer, yo soy del norte, no me asustan unos conductores imprudentes ni un poco de brisa marina en las noches…

Unos días después hicimos la siguiente visita a una casa de Neruda, fuimos a su favorita, la casa de Isla Negra. Como todas las casas de Neruda su interior imita un barco, larga y estrecha. Llena de objetos curiosos, sus pequeños juguetes que nos acercan a este singular personaje. La ubicación es espectacular, parece que el mar se va a meter dentro de la casa a recuperar los mascarones de proa que decoran en salón. Esas figuras femeninas poseen una belleza atemporal y mágica que se confirma con las lágrimas que todos los inviernos vierte una de ellas, de origen francés, tal  vez por nostalgia del Sena. La visita suele concluir en la tumba del poeta y después para casa. 
La casa de Isla Negra 


Tumba de Pablo Neruda y Matilde


Sin embargo, al estacionar el auto (que dominio del chileno el mío) le preguntamos a un lolo (adolescente) que nos indicó que en Isla Negra había un lugar más bonito para visitar. Una autentica casa barco. La construyo un personaje cuanto menos curioso, con forma de barco pirata, con sus velas y todo, aprovechando materiales reciclados (le da un gran uso a las botellas de vidrio que hacen que la casa sea preciosa). Por desgracia estas cosas siempre hay quien no las entiende y denunciaron al dueño. Sin embargo, la marina reconoció el gran trabajo del hombre y le concedió patente de barco, así que la casita se quedó dónde estaba y el hombre te hace visitas guiadas… siempre y cuando no hagas como nosotras y llegues después de las ocho de la tarde.

La nave imaginaria

Por si nos parecían poco dos visitas los últimos días decidimos volvernos locas y recorrer Viña del Mar andando. Empezamos por el museo de los cañones (unos cañones muy bien colocaditos todos en fila con su cartel explicativo que solo hizo que nos preguntáramos cuantos metros son una milla) y continuamos caminando por la costa hasta la zona de castillos. Evidentemente para cualquier europeo eso es más una casa grande que un castillo, pero mejor dejarlos con la ilusión… después fuimos tan valientes de pasar por delante del hotel donde se alojaban los Jonas Brothers y no morir en el intento para terminar en casa de M charlando hasta las tantas. Las tantas de chile si después tienes que tomar el transporte público, es decir, las 9.30 de la noche… jejejejej

Castillo Wulff


Para despedirnos de las vacaciones y del verano nos fuimos a comer a Concón y yo aún no se cómo no me atragante puesto que me pase toda la comida mirando a los pelicanos que se deslizaban sobre el agua esperando a que los pescadores del puerto les echasen los restos de pescado. Al no estar acostumbrados a los europeos nos hace una gracia terrible ese pájaro tan grande y de costumbres tan extrañas… por supuesto los chilenos nos miran raro cuando nos comportamos como niños pequeños y les sacamos mil fotos mientras decimos que moooooonos son!!!!



En fin, después de eso ya era hora de volverse a Santiago y empezar con la vida real… que os contare en el siguiente post!!!!

lunes, 25 de febrero de 2013

Crepusculario


 Es sorprendente como ha cambiado el mundo gracias a internet. Ya no es que las distancias se hayan acortado y sea más fácil hacer cosas cotidianas como hablar con la gente o realizar trámites. Nos hemos acostumbrado a relacionarnos con una pantalla de ordenador y muchas veces, al menos yo, antes de salir a comprar o de hacer algo compruebo si puedo hacerlo antes vía internet. Para este viaje la página de españoles en Chile fue muchas veces una ayuda y un consuelo. En ella encontraba gente como yo, que habían cambiado España por este rincón al fondo de América Latina. Ellos habían pasado por todo lo que yo pasé y podían ayudarte en  las dudas que pudiesen surgir. Hasta ahora la había utilizado para resolver pequeñas cuestiones, en realidad todos tenemos las mismas dudas y seguro encuentras alguien que ya ha preguntado por eso y su correspondiente debate debajo. Es increíble lo que nos gusta opinar y debatir, de cualquier pregunta podía surgir una discusión encarnizada.

Sin embargo, esta vez no utilicé la página para resolver dudas sino para emitir una señal de socorro. Después de tres semanas en Santiago necesitaba vida social, desesperadamente. Quien me conoce sabe que soy un ser social, que si me dejan hablo hasta con las farolas y estoy convencida de que un día me van a responder, aunque sea por puro aburrimiento… así que aburrida decidí preguntar si existía alguien que se apiadase de mí y quisiese tomar algo. La verdad fue sorprendente la respuesta. En cuestión de un par de días ya había hablado con una cantidad considerable de españoles. La mayoría llevan aquí pocos meses y se encuentran igual que yo, en un país extraño, buscando trabajo, tratando de acostumbrarse a una nueva cultura que cada día descubres es más distinta a la tuya,….

Así que sin perder tiempo empecé a quedar con ellos. Primero quede con M para ir a tomar algo a la zona de Lastrarria. Allí se nos unieron otras españolas. Después de dos cocteles con fruta del mercado estábamos todas de lo más alegres y ruidosas. Tanto que los de las mesas de alrededor nos miraban mal y los camareros empezaron a equivocarse con los pedidos… al final hablábamos como si nos conociésemos de siempre. Comparábamos experiencias chilenas, opiniones, risas…. Al final decidimos alargar la noche e ir a cenar suchi (si, así pronunciado, que pronunciar sushi es flaite. No me pidáis que explique flaite, es como una mezcla de gañan, macarra, barriobajero y sabe dios que más…) Después de marear al pobre camarero, de pedirle que nos sacase fotos y demás pusimos rumbo a casa… cada una a la suya claro.

Al día siguiente me junte con L otra española que lleva algo más de tiempo acá. Y también es diseñadora de vestuario (si, aquí no se diseña moda, se diseña una cosa que la gente se pone encima sin demasiado gusto y sin pensar demasiado en si coordina o no…). Esta vez fui a una zona nueva de Santiago, a Ñuñoa. Nunca había visitado ese barrio así que nos fuimos a tomar algo a un patio. Menuda semana de mojitos que me pegue…

Es sorprendente porque no he conocido a nadie hasta ahora que me callera mal o que me molestara lo más mínimo. Supongo que en el extranjero uno se hace más flexible, o que yo soy demasiado buena… jejejeje En definitiva todos estamos más o menos en la misma situación, todos somos jóvenes, con estudios, experiencias y estamos deseando compartirlas. En general la sensación que tenemos todos es buena y eso hace las cosas más fáciles. No hay nada peor que estar en el extranjero con una persona que no hace más que quejarse y protestar por todo…

Evidentemente siempre se tiene más feeling con unas personas que con otras, pero a mí me gusta conocer gente y tener grupos de amigos variados. Las circunstancias han hecho que solo pueda juntarme con determinadas personas hasta ahora, pero no me gustaría perder contacto con ninguna…

Por cierto, que no me olvido del resto de gente que conocí. Después de varios días hablando por fin pude sacar a A de su retiro voluntario, que es un hombre que trabaja mucho y como el señor mayor que es se va a dormir temprano (si alguna vez llegas a leer esto estoy segura de que sabes que me refiero a ti!! Jajajaja) Así que el viernes nos fuimos a cenar a Bellavista con M, su pololo (a estas alturas ya no hace falta que os diga que significa eso, verdad??) y una pareja amigos de M. Por primera vez en mi vida, pero no última, conseguí llegar a tiempo a alguna parte en esta maldita ciudad. En realidad creo que fue por culpa de A que quedo conmigo en el metro y me sabía mal hacerlo esperar y quedamos mucho antes de lo necesario… Yo no contaba con llegar puntual por eso le dije que si…. Jejejeje en definitiva conseguimos llegar a tiempo, pero M no estaba allí y el restaurante donde quería cenar estaba hasta la bandera. Lo normal teniendo en cuenta que la cerveza cuesta 2 lukas. Así que literalmente seguimos hasta el siguiente restaurante. Bellavista es lo que tiene, las calles están llenas de bares y restaurantes. Si no hay sitio en uno seguro que hay en el siguiente. Estuvimos tomando pisco sour (yo, que soy muy lista) y cerveza caliente A (cosa demasiado común en este país) hasta que llego M & Company. Cenamos varios tipos de ceviche, mariscos con queso (si, aquí le ponen queso al marisco, creo que ya lo he comentado antes, pero es que me sigue sorprendiendo lo bien que sabe). Después de desistir de tomar cerveza caliente cambiamos a la sangría, también caliente. Y ya cansados de hablar y cenar decidimos seguir la fiesta como dios manda… bebiendo!!

Al final decidimos ser inteligentes y meternos en el primer bar que no pareciese un chiringuito de playa con rejas (alguna vez le sacare foto a ese lugar, en verdad parece una jaula de pájaros gigante… aun no entiendo el porqué de esa reja…). Conseguimos una mesa para los seis al ladito de una ventana. Hacía un calor de mil demonios y dentro de los sitios era peor. Además hay que tener en cuenta que en chile todavía se puede fumar en los sitios (aunque ya no les queda nada, el mes que viene entra en vigor la ley antitabaco). En cuanto miramos la carta decidimos que lo mejor era pedir por botellas. Es lo bueno de este país, que puedes pedir casi cualquier bebida por botella. Al ser tantos compensaba pedir una botella de ron, además la bebida (refresco) estaba incluida y sobre todo el hielo!!! El camarero nos dijo que los españoles adoramos la bebida helada. Así que se preocupó de tener el cubo del hielo lleno toda la noche. Teniendo en cuenta que la botella de ron se convirtió en dos normal que nos trataran bien… jejejeje una de las cosas más graciosas era verlos fumando a escondidas con el cigarrillo debajo del banco. Ya no estamos acostumbrados a poder fumar en lugares públicos y mejor que no nos acostumbremos que apenas nos quedan unos días de lugares atestados de humo. Al final conseguimos salir de ese lugar donde trataron de envenenarnos con unos chupitos de tequila con licor café (nunca, nunca, nunca probéis algo así). Con ganas de más pero sin saber a dónde ir decidimos que era horas de irse a casa. Al día siguiente evidentemente tenía una resaca de morirse que ni la piscina fue capad de curar. Se supone que tenía planes pero no fui capaz de levantarme de cama a tiempo. 

La verdad es que es un gran grupo de gente. Me siento identificada con ellos en muchas cosas (y lo de que tres de nosotras naciéramos en el mismo mes del mismo año es cuanto menos curioso). Todos formamos parte de una generación demasiado preparada para lo que hay en este momento en España. Y sobre todo todos tenemos muchas ganas de salir adelante, de explorar lo que nos espera en el mundo. Estamos preparados y vamos a comernos el mundo…. Aunque nos lo pongan difícil!!!

domingo, 10 de febrero de 2013

El río invisible


En el país de las nanas ellas son las reinas de la casa. Ellas la dirigen desde la sombra, preparan las comidas, limpian, ordenan, deciden que hay que comprar… para los españoles, donde no existe la figura de la nana, convivir con una de manera tan estrecha es tan raro como incomodo al principio… y probablemente siempre lo será.

Hasta esta semana no había convivido con una nana en la casa, pero siempre oía quejas sobre cuanto la echaban de menos. Ellas llaman al servicio técnico, vigilan que el jardinero haga bien su trabajo, controlan al chico que limpia la piscina, se encargan de que en la casa no falte de nada y de pedir todos los suministros que se llevan directamente a la casa. Sin ellas la casa es un desastre en el que siempre falta algo o algo está sucio o mal hecho.

Este domingo llego la nana de sus vacaciones. Nada más llegar se puso manos a la obra. Miró a su alrededor y evaluó todo el trabajo que tenía que hacer. Nos preparó la cena, nos puso al día sobre su familia, sus vacaciones, y se fue a dormir en las habitaciones que hay al lado de la cocina. El lunes todo el mundo en la casa estaba de vacaciones así que nos levantamos todos un poco más tarde de lo normal. Al entrar en la cocina la nana estaba con M preparando su desayuno. Ellos desayunaban en la cama, yo opte por la cocina, como siempre. Me prepare la mesa, cogí de la nevera lo que suelo desayunar y a los pocos minutos la nana se unió a mí. Se quejó sobre lo sucia que estaba la casa y que todo estaba fuera de su lugar, además de que no sabía si la ropa estaba limpia o sucia, nada estaba como ella lo hacía… es la reina de la casa y su reino había sido alterado de un modo que no le gustaba nada.

Lo más impactante para mi es lo que paso hoy. Me levante un poco más tarde de lo normal, la noche previa había sido demasiado mala, el calor no me había dejado dormir hasta pasadas las 4 de la madrugada y como siempre me desperté a las 7. A las 9.30 conseguí arrastrarme de la cama y dirigirme a la cocina. Allí estaba M que se llevaba su desayuno escaleras arriba. Cuando mire hacia la mesa mi sorpresa fue mayúscula cuando vi la taza con el café, el quesillo, el pan, todo lo que suelo desayunar. En cuestión de horas se aprendió mis hábitos. Sabe que no me gusta la fruta después de comer, pero que me gusta a media tarde. Se encarga de recordarme que me olvido de tomar once…. Eso conmigo que solo soy una invitada, evidentemente yo me lavo y plancho mi ropa, pero en la cocina quien manda es ella.

Para los españoles tener nana es más raro que un perro verde y para mi es incomoda la falta de intimidad. Cuando comemos ella espera pacientemente de pie en la cocina para recoger todo en el momento en que terminamos. Al parecer a muchas familias europeas les sigue resultando incómodo y deciden prescindir de ellas. Pero hablando con familias chilenas te dicen que es imposible manejar una casa sin ellas, además que cuando tienes niños pequeños es muy difícil conciliar la vida laboral, social y familiar. Si quieres salir por la noche no hay canguro a la que puedas recurrir, los horarios de trabajo y de los niños son incompatibles. Cuando voy a buscar a A y queremos salir a cenar la nana se queda con las niñas y ella puede salir tranquila sin preocuparse. Supongo que son formas distintas de ver la vida… todo tiene su lado bueno y su lado malo… en el fondo no deja de ser una cosa cultura… 

domingo, 3 de febrero de 2013

El corazón amarillo


Soy una romántica. Aunque intente disfrazarme de mujer fría y distante quien me conoce bien sabe que me encanta enamorarme. Enamorarme de la vida y de sus pequeños detalles. Soy feliz con lo que tengo  y me he dado cuenta de que con el tiempo cada vez necesito menos, porque en verdad la vida me da siempre lo que necesito. Sin embargo me hicieron falta 28 años y varios países para darme cuenta de que tengo exactamente lo que quiero y que todo vino a mí en el momento en que lo necesitaba o estaba dispuesta a recibirlo.

Todo esto lo escribo desde una terraza, con una copa de vino en una mano y la ciudad a mis pies. Podría decir que me faltan cosas en el cuadro. Evidentemente nunca estamos felices al 100%. Parece algo intrínseco al ser humano, sin embargo ya no me da miedo decir que soy feliz, que estoy feliz con mi vida tal como es y que estoy segura de que venga lo que venga ahora será exactamente lo que tenía que pasar. Sea bueno o malo es lo que pedí y lo que necesito.

Desde aquí veo las luces de la ciudad. Una ciudad que ocupa un valle tan llano que cada vez que recorro sus calles solo puedo pensar que quiero una bicicleta y no quiero manejar un auto nunca más (pero claro, estamos en verano, ya veremos si opino lo mismo en invierno).

La noche es tan clara que al atardecer pude ver claramente como el sol se ocultaba tras la cordillera de la costa  y ahora puedo apreciar hasta la luz de un semáforo lejano cuando cambia de rojo a verde y viceversa. El cerro San Cristóbal se recorta en su oscuridad contra el reflejo del alumbrado público y las canciones de Violeta Parra y sus cantos mapuches inundan mis oídos.

Ahora mismo puedo decir que mi vida raya la perfección. Si, aunque me riñan, la palabra raya no se puede omitir de la frase. Soy humana, soy imperfecta y siempre deseare algo más. Si no lo hiciese no estaría aquí ahora. No disfrutaría de mi vida inquieta, no tendría en la memoria tantos paisajes diferentes de los que siempre me he enamorado. Definitivamente soy fácil de enamorar, hasta en lo feo y lo sucio encuentro la belleza y el detalle que hará que después recuerde ese lugar que se ha ganado un lugar en mi corazón.

Y toda esta introducción, todas estas letras, nos llevan a mi tarea inconclusa de la semana. Si has llegado hasta aquí veras que volvemos al mundo real, nos dejamos de reflexiones vagas y nos centramos en la vida real y la aburridísima y difícil tarea de encontrar casa en una ciudad ajena y por lo de ahora desconocida.

Todo empezó la semana pasada. Decidí que era hora de encontrar casa pese a no tener pega (trabajo). Más que encontrar casa quería empezar a conocer la ciudad, elegir un buen lugar donde establecerme y después en función de mi lugar de trabajo determinar mi próximo lugar de residencia. Pero, como decía al principio, soy una romántica. Necesito enamorarme del lugar donde voy a vivir, después ya tendré tiempo de hacerlo mío. Y toda esta historia de enamorarme del lugar donde voy a establecerme empezó en Madrid.

Yo aún era una niña, tenía 20 años y era la primera vez que salía de Galicia para estudiar. No era novata en esto de vivir fuera de casa, pero era la primera vez que iba a estar tan lejos. Siempre recordaré lo que sentí al salir del metro en la Latina. Recuerdo la primera imagen que percibí de mi futuro barrio, las casas, las calles, la gente… fue un flechazo y ya sabía que me iba a dar igual como fuese mi futura casa, yo quería vivir ahí. Estaba más que segura de que ese era mi lugar en el mundo. En ese momento todo mi cuerpo me gritaba que pertenecía a ese rincón de Madrid. Y así fue. Pase tres de los mejores años de mi vida en un barrio que se convirtió en mi hogar. Donde todos me conocían, donde me sentía querida y tenía grandes amigos que aún conservo hoy en día. Era feliz en mi casa con ventanas de madera, luces que no funcionaban, la cocina más pequeña del mundo… pero adoraba mi casa, adoraba mi barrio, adoraba a mis vecinos… y esa era mi idea aquí, hasta que me topé con la realidad de una ciudad que no se parece a ningún lugar en el que haya vivido hasta ahora.

Uno de mis primeros recursos aquí es preguntar a la comunidad de españoles en Chile. Suelen ser abiertos, suelen responder a lo que les preguntas y dar buenos consejos, aunque, como en todos lados, te encuentras de todo… por suerte conmigo siempre han sido amables y se preocupan de responderme. Como buenos españoles su primera recomendación fue el barrio Brasil (la Latina chilena) o Bellavista. Evidentemente mi vena romántica me llevo al barrio donde Pablo Neruda tuvo su residencia. Bellavista. Es un barrio hermoso, pero yo no me veía viviendo allí. No sé porque, algo me decía que ese no era mi lugar, o a lo mejor no era el momento. P. me decía que es un barrio bonito pero que él ni muerto viviría ahí, pero yo no me fio de su opinión, somos demasiado distintos como para que pueda confiar. Curiosamente aun  no encontré una razón para pasar por el barrio Brasil. Paseamos por él en mí primer día en Santiago, y recuerdo que B me decía que sus amigas Europeas amaban el barrio, pero yo no sentí nada especial.

Siguiendo el consejo de los españoles probé con una web especializada en buscar compañero de departamento (piso). Pero seguía con el problema de la zona. Algunos me decían Centro, otros Providencia (que no sé porque nunca caí en la cuenta del significado de su nombre). Al final decidí comenzar por zona centro y ver qué pasaba. Publique un anuncio, tal vez demasiado escueto y parco en palabras para lo que soy yo, pero tampoco ponía demasiadas esperanzas en este sistema. Recibí varias respuestas pero ninguna me convencía, demasiados compañeros de departamento, la media estaba en 9, mala zona o anuncios demasiado extraños. Al final recibí dos propuestas que llamaron mi atención. La primera era en el centro, pero que me maten si recuerdo en que calle era. No me apetecía demasiado porque era demasiada gente y en la foto aparecían demasiadas mujeres con cara de universitarias americanas y todos sabemos que eso dignifica: demasiado carrete (fiesta) dentro del departamento, sin embargo el dueño parecía simpático. La otra, que al final fue el primer departamento que visité me gustó por la interminable lista de normas que ponía en la presentación del departamento. Su mail me pedía que leyese el anuncio en el que aparecían la descripción del departamento y las normas y si estaba interesada contactase con él.

Quedamos en vernos el lunes. G. el chico que arrendaba el departamento, me propuso dos planes, o quedar a las 7 para trotar (correr) hasta la cima del Cerro San Cristóbal o vernos a las 12 en el departamento cuando ya estuviesen duchados y presentables. Teniendo en cuenta que vi su mail a las 9 de la mañana del lunes obvio que quedamos a las 12. El departamento estaba en el centro, a la altura del metro Santa Lucia, como a 15 minutos caminando. Llegué y tuve que firmar el ingreso en la portería mientras uno de los dos porteros llamaba al departamento para confirmar que me esperaban. Eso me gustó, la seguridad es algo importante aquí. El departamento no estaba mal. “Mi pieza” tenía un tamaño decente y la cocina parecía práctica, pero el resto del departamento se me hacía un poco agobiante. Sobre todo al pensar que tenía que compartirlo con otros dos hombres y uno de ellos iba a compartir mi baño. Por lo demás el edifico tenía piscina, gimnasio, y varias salas comunes, una con wifi de uso gratuito. Además de la zona de quinchos (barbacoa) y pool (billar) que eran de pago.

G. es un chileno encantador y T. parecía igual de agradable. G se encargó de enseñarme el edificio y me acompañó a la calle para mostrarme dónde encontrar supermercados, restaurantes, a los carabineros… se dedicó a tranquilizarme sobre la zona, según él, al tener a los carabineros en la esquina es difícil que te atraquen en la puerta, aunque seguro te asaltar cuatro cuadras más allá. Todo me parecía bien, el chico era demasiado encantador y las normas me encantaban. Cuando compartes piso en verdad que necesitas normas para no desear matar al otro a los dos días. Me parecía que había muy buen ambiente, que tenían organizada una buena comunidad a la hora de repartir tareas, de compartir el tiempo libre… adoraba eso de que fuesen tan deportistas que quedasen para trotar o para subir el cerro en cleta (bici) hasta en el domingo en la mañana. Sin embargo había algo me que echaba atrás y no sabía decir el que. Nos despedimos después de darnos el número de celular, el mail, agregarnos al Facebook… en definitiva, imposible no volver a contactar… me dio un beso y un abrazo de oso que me sentó de maravilla… pero yo no acababa de decidirme. Tal vez era el precio, un poco caro para la zona, pero teniendo en cuenta que incluía los gastos tampoco me parecía demasiado… al final me invito al asado que iban a organizar el sábado. Independientemente de si quería la habitación o no me invito a la fiesta. Aquí al igual que en New Zealand los que viven en el departamento te someten a una entrevista en la que deciden si te quieren como compañero de piso o no. Ellos habían tomado la decisión de que si dudaban de a quien escoger como compañero de departamento lo iban de decidir en la fiesta. En verdad me gustaron, me gustó el ambiente relajado pero dentro de unos límites, que se preocupasen de que haga amigos y dispuestos a ayudar. Pero seguía habiendo algo que me limitaba y yo seguía sin saber el que… supongo que no era el momento. Lo he pensado mucho tiempo y decidí no optar al departamento. Ellos querían a alguien para todo el semestre y yo no sé cuánto tiempo iba a poder quedarme. Y en verdad no sentí esa reacción instintiva que siento cada vez que sé que tengo que hacer algo…

A veces me da miedo esta forma absurda que tengo de confiar en mi instinto, pero luego pienso que siempre me ha salido bien. Es verdad que no siempre ha sido todo maravilloso, en mi vida no han faltado lágrimas, dudas y penas, pero siempre ha sido para bien… otra vez mi vena romántica reclama su lugar. Si no sentía que era mi sitio es porque no lo era, porque me esperaba algo mejor. De repente, en cuanto decidí que voy a esperar a mi lugar, que lo de que no me sienta cómoda es porque aún no es el momento y que tengo que esperar, dejé de recibir mails. Pasar de recibir nueve mails al día a no recibir ninguno es un gran cambio. Sé que mi lugar está aquí, esperando por mí. Pero sé que no es donde todo el mundo piensa. Cuando lo planeo sé que necesito un lugar con portero, que sea seguro, donde no me de miedo llegar en medio de la noche. Pero no necesito una piscina, ni un gimnasio. Necesito un lugar que pueda llamarle casa, donde me sienta bien y segura… y sé que ese lugar está cerca y esta esperando al momento apropiado para aparecer. Curiosamente no siempre es el sitio más bonito del mundo, ni el más nuevo, normalmente tienen mil defectos, se caen a pedazos y la gente me llama loca por querer vivir ahí… pero yo siempre he sentido que era mi lugar. No sé si aquí será igual, no sé si será en Providencia, en la Avenida Colon, o en otra ciudad, pero por ahora siento que me toca quedarme un tiempo en Santiago.

Evidentemente sé que hay un pasaje de avión con una fecha muy concreta en mi cartera de documentos. Sin embargo es como si esa fecha no existiese para mí. No sé si llegare a la fecha límite con algo solucionado o si seguiré como hasta ahora, buscando, pero sé que por ahora mi sitio está en el sur del mundo. Con las conversaciones surrealistas con desconocidos, aprendiendo algo nuevo cada día, asombrándome de que pese a que España va mal siempre puede haber algo peor… en días tranquilos como hoy echo de menos a mis amigos, echo de menos las cenas, los vinos, las fiestas… pero sé que ahora no es el momento, que mi vida se prepara para algo nuevo, que está por venir… mi instinto nunca me ha fallado y estoy segura de que no va a hacerlo ahora… sé que puede sonar pretencioso, pero llevo 28 años sometiéndome a la voluntad del universo en un grado mayor o menor, ahora que me he rendido completamente creo que no es el momento de dudar, sino de confiar en que lo que tenga que pasar… simplemente pasará…

jueves, 31 de enero de 2013

Navegaciones y regresos


Este fin de semana fue la primera vez que me sentí incomoda en Santiago. Alguna vez tenía que suceder, no todo iban a ser alegres experiencias y sentirse como en casa, aunque extrañada de tantas cosas y aprendiendo algo nuevo cada día… pero bueno, que nadie se asuste, no fue una mala experiencia, solo fue algo raro.

Para ponernos en situación, sábado por la tarde, 30 grados a la sombra y yo disfrutando de la piscina a las 6.30 de la tarde. En ese momento mi teléfono decide que le apetece recibir la señal del wifi y suena el aviso del mail. Era X. que estaba de paseo por Providencia y me preguntaba si me apetecía tomar una cerveza (en realidad la conversación fue más larga e implicó varios mails para ponernos al día y decir otras tonterías antes de llegar al meollo de la cuestión, que era ir a tomar una cerveza con él y con O. pero no os voy a aburrir con eso) No nos veíamos desde que nos despedimos en el aeropuerto y siempre hace ilusión ver a un compañero de patria, o al menos de península para no meternos en conflictos de nacionalidades. Así que me despedí de la piscina y los avisé de que necesitaba al menos una hora para llegar, fueron buenos y me concedieron hora y media. A las 8 íbamos a encontrarnos en la parada del metro U. de Chile, línea 1 así que perfecto para mí.

Una hora después salía yo de la casa con mi vestido blanco de lunares negros (no os imagináis el uso que le estoy dando aquí) maquillada, con mis gafas de sol, (que el sol aquí quema) y con zapato plano, que pese a todo aun me esperaban 30 minutos cerro abajo hasta el paradero del metro. Después de dos semanas de verano hasta tengo un poco de colorcito y estaba de muy buen humor, con lo que me encontré de nuevo tarareando una canción por la calle (al final los vecinos se van a pensar que estoy loca). De camino salude al perro que vive en la calle dos cuadras más abajo y me dirigí al metro. Llegando me di cuenta de que ya llegaba tarde y aún no había subido al tren, como siempre, esta ciudad siempre consigue que llegue tarde a todos lados… y ahí empezó lo raro. Aproveché para enviarles un mail mientras esperaba a que el semáforo más lento de la historia cambiase de color. De repente había un hombre con un labrador al mi lado, nada raro teniendo en cuenta donde estaba. Mientras enviaba el mail perdí mi oportunidad de pasar en rojo al igual que el resto de la gente que estaba esperando conmigo, excepto el hombre del perro. Cuando terminé se me ocurrió mirar a mi lado y me encontré con el hombre mirándome fijamente a una distancia demasiado corta como para no resultar raro. Y así se pasó los cinco minutos que tardo el semáforo en cambiar. Por suerte en cuanto cambio el color nos fuimos cada uno por nuestro lado y pude olvidarme del hombre que me miraba raro. En verdad, me miraba muy raro…

Lo bueno de tomar el metro en la estación de inicio de línea es que puedes ir sentada, y cuando te vas a pasar 20 minutos en un vagón se agradece. Lo malo, que tienes mucho tiempo para mirar a quien va enfrente, porque aunque vayas con la música a todo volumen es difícil no fijarte en el grupito de chicos que va sentado frente a ti haciendo todo lo posible por que mires hacia ellos. Después del hombre raro del semáforo que cuatro veinteañeros se dedicasen a hacerme ojitos y a contorsionarse para conseguir captar mi mirada era ya más que raro… Pese a todo yo con mis cascos y mis gafas de sol hice lo posible por evitarlos, pese a que era difícil y aun por encima de vez en cuando me encontraba con la mirada de algún hombre que mejor no saber lo que estaba pensando. Fueron los 20 minutos más incómodos de mi vida y puedo deciros que el suelo del metro es de color gris con motas más oscuras y hay una pegatina que te pide amablemente que no te sientes en al suelo, con lo sucio que esta me pregunto quién querría sentarse allí. El caso es que ya aburrida de mirar al suelo y sin saber que más hacer para evitar las miradas babosas que atraía esa tarde, llegue a mi destino.

Finalmente conseguí llegar solo 20 minutos tarde, con lo que les di tiempo a X y a O de cenar un picho moruno en la calle. Tengo que reconocer que tardé un rato en identificar el significado del mail, “te esperamos en la parrillera al lado del McDonals” que recibí estando de camino. Pero soy una chica lista y un mail críptico no iba a superarme, menos después de sobrevivir a 20 minutos de acoso poco disimulado. Así que puse en marcha todo mi ingenio y decidí que lo primero y más sencillo era encontrar el McDonals. Soy tan lista que en lugar de dar vueltas por la calle me acerque a una empleada del metro y le pedí que me indicara cual era la salida más cercana al dichoso sitio, por suerte o por desgracia todo el mundo sabe cómo es un McDonals y si trabajas cerca estoy segura de que sabes el camino más corto. Dicho y hecho, la salida que me indico la mujer daba exactamente a la puerta del establecimiento. Ignorando los comentarios libidinosos de varios transeúntes conseguí localizar a los chicos, y después descubrí que una parrillera eran dos argentinos al lado de una especie de barbacoa casera y con pinta inestable que cocinaban unos pinchos en la entrada del paseo de la Ahumada.  

Lo primero que salió de boca de O al verme fue “ostras que guapa”. Evidentemente agradecí el comentario, pero si me comparaba con la última vez que nos vimos cualquier cosa es una mejoría. Después de 24 horas en un avión con unas mayas y una camiseta de rayas blancas y negras cualquier cosa es un cambio a mejor. Además, ¿a quien no le sienta bien estar morena? Tras los saludos y varios comentarios sobre lo guapa y morena que estaba que me sentaron más que bien nos pusimos en camino hacia la plaza de armas.

Tras sentarnos y pedir un pitcher de cerveza (es decir una jarra de dos litros por 4.000 pesos, unos 6’50€, hay que tener en cuenta que estábamos en zona cara y turística) nos pusimos al día. Más bien ellos se pasaron una hora llorando que trabajan demasiado, que tienen demasiada responsabilidad, que están haciendo mil cosas diferentes y milagrosamente todas relacionadas con lo que estudiaron… no sé porque a mí me pegaba la risa y el único pensamiento que me venía a la cabeza era, que no os oigan en España que os pegan… después de dejarlos quejarse un rato ya se había hecho de noche así que decidimos dar una vuelta por unas calles bastante más vacías y con más borrachos (a las 10 de la noche!!!) y tomarnos la última en un bar según ellos con mala pinta, según yo un bar universitario normal, pero lo mejor, el pitcher de cerveza a 2.000 pesos. Eso es lo que pasa cuando te alejas de las zonas turísticas.

El gran problema de Santiago es que el metro cierra a las 11 de la noche, lo que acorta bastante las salidas. Claro, eso por ahora que ninguno controla demasiado la ciudad y no estamos como para volver a casa en taxi, vosotros dadme tiempo… el caso es que terminamos la cerveza apurados y pusimos rumbo a la estación de metro. Al final tuvimos que acelerar el paso para poder tomar el último tren. Por suerte compartimos línea, solo que ellos se bajan dos paradas antes. A medida que te alejas del centro el tren se va vaciando, las ventanas van siempre abiertas por lo que hay una permanente corriente de aire que arrastra las pelusas a lo largo del tren. Cuando llego al final de la línea voy siempre prácticamente sola, no veáis lo divertido que es mirar como las bolas de pelusa se desplazan adelante y atrás cada vez que el metro arranca o para… definitivamente, aún menos mal que solo son dos paradas sola, si llegan a ser más me veo haciendo carreras de pelusas…

Después como siempre toca tomar taxi hasta la casa. Evidentemente no voy a subir andando de noche, de día pasa que intente suicidarme subiendo esta cuesta infernal a pleno sol, pero de noche no es plan… y ahí fue la segunda cosa rara del día. En realidad no rara, pero me hico mucha gracia. Volviendo en taxi normalmente les indico exactamente la casa para que me dejen al lado de la puerta. Como el taxista no conocía la zona yo fui indicándole por dónde ir. Hasta a los coches les cuesta en algún punto subir. De repente el hombre me preguntó si llevaba mucho viviendo allí y le dije la verdad, que menos de dos semanas. Yo pensé que había notado el acento español, tampoco es que hablase más de siga derecho, tome la siguiente a la derecha, pero bueno…. El caso fue que el hombre se refería a cuánto tiempo llevaba viviendo en la zona y me di cuenta cuando me dijo “señorita, tiene que decirle a su marido que para vivir acá tiene que comprarle una camioneta, un coche normal no puede subir por aquí. Pero en verdad la casa es hermosa. No me extraña que la eligieran para vivir.

Yo en el momento me quede a cuadros, como que mi marido tiene que comprarme una camioneta????? Cuando pude entender a que se refería ya habíamos llegado a la casa y no iba a explicarle al hombre nada de mi vida, obviamente. Además, una de las perras ya me esperaba en la verja feliz de verme y yo solo me preocupé de encontrar las llaves antes de salir del taxi. Pero que sepáis que el consejo del taxista no se me va a olvidar. Cuando tenga un marido pienso exigirle que me compre una camioneta, que mucha casa en zona de ricos y la niña tiene que tomar taxi al salir del metro… es que hay hombres que no hay por dónde cogerlos… uy, perdón!! Hay hombres que no se merecen llamarse hombres… (Por cierto, como se dirá en chileno que no hay por dónde coger algo??? Tendré que averiguarlo ya os informare del resultado de la pesquisa… el caso es a quien se lo pregunto sin que le dé un infarto o se piense que le propongo algo…)

domingo, 27 de enero de 2013

España en el corazón


Me di cuenta de que esta historia no tiene principio, pero bueno, dicen que las buenas novelas se caracterizan por los saltos en el tiempo sin perder la línea argumental (se nota que en el libro que estoy leyendo el protagonista es un editor?). Bueno, con tanta explicación me estoy desviando del tema de nuevo. El caso es que desde hace tiempo quería escribir sobre la aventura que fue organizar este cambio de residencia. Y evidentemente, todo empezó en España, y su maravillosa burocracia.

Voy a ser buena y os voy a ahorrar los 11 meses de planes, búsqueda de información, dudas y conversaciones surrealistas con P. Vamos directamente a cuando empecé a legalizar los títulos. Para el que no lo sepa, si tienes intención de obtener un visado de trabajo fuera de la unión europea, evidentemente lo primero que necesitas es un trabajo, pero ese paso me lo salte y como mujer precavida que soy decidí comprobar que requisitos me ponía el gobierno de chile para la obtención de cualquier visado que no fuese turista.

Si quieres entrar como turista no te piden nada, bueno, miento, se supone que tienes que llevar billete de vuelta (listo) una carta del banco o un extracto bancario donde aparezca que no eres pobre de pedir (listo) pero no especifican la cantidad de dinero exacta, así que depende del humor del de la aduana y la reserva del hotel o una carta de invitación (esa parte me la salte libremente). Consecuencia, llegue a la aduana y la mujer solo me deseo una feliz estancia, ni una mísera pregunta…

El caso es que si quieres sacarte un visado de trabajo la cosa se complica algo más. No es un requisito obligatorio, pero si la empresa te lo pide tienes que presentar tu título universitario, de master, del bachiller, etc… ellos sabrán lo que te quieren pedir o si te lo quieren pedir. Por otro lado el gobierno de chile quiere saber fehacientemente que no eres un delincuente fugado así que necesitas el certificado de antecedentes penales y certificado médico. Evidentemente tienes que tener pasaporte, llevar 4 fotos (en el mundo de la era digital que te sigan pidiendo fotos me mata) y otras cosas de las que ya se tiene que encargar tu futura empresa. La parte más sencilla, el certificado médico, prepárate para pagar e ir a la clínica que el gobierno chileno te diga. Así que estando tranquilamente en España lo único que tiene que preocuparte son los títulos y el certificado de penales, porque todo tiene que ir legalizado. Eso que suena tan abstracto en realidad es una auténtica tortura, estoy convencida de que es un truco del gobierno para evitar la sangría de jóvenes que huyen del país… sin embargo no contaban con que las ganas de no volver a verlos son superiores a cualquier traba burocrática.

Con toda esa información en la cabeza empecé por tratar de legalizar tanto el título universitario como el master. Al ser titulaciones privadas el papeleo es increíblemente largo y caro. Inocente de mi pensé que el título de bachiller como es algo legal, creado por el gobierno iba a ser el paso más sencillo… ja! Menuda broma… en fin, que se me ocurrió mirar en internet, un día así por encima y tras dos horas conseguí encontrar información sobre cómo hacer todo el proceso. Con las prisas no lo imprimí y cuando quise volver a consultarlo la página había cambiado y esa información no se encontraba por ningún lado!!!! Así que llame por teléfono y cuál fue mi sorpresa cuando un funcionario de lo más borde me dice que los títulos privados no se legalizan. Yo que había leído lo contrario ya no solo en la página del ministerio de educación sino en varias páginas de emigrantes me indigne, pero no merecía la pena decirle nada a semejante inútil. Así que recurrí a la segunda vía de contacto. Escribir un mail. Muy claramente expuse las dos cosas que quería hacer (léase legalizar título propio y título no universitario). Por suerte me respondió un hombre, Carlos (al que siempre le estaré agradecida) que muy amablemente me respondió y todas mis dudas y me explico claramente todos los procesos e incluso me remitió los enlaces para acceder directamente a la información que yo ya había visto anteriormente en la página web y que misteriosamente ahora es prácticamente imposible de encontrar.

Así que con mi información en la mano me fui al notario, a pagar 3’40€ por un sello en cada uno de mis títulos privados. Recogí una copia de cada título con un sellito del notario, que solo me servía para ir al presidente del colegio de notarios, o en este caso a su representante. Por suerte el notario me dio una lista de sitios a los que ir así que me fui a Ourense. Allí tuve que dejar los títulos y volver a recogerlos dos días después, eso sí, después de pagar 15 euros por cada uno. Lo único que hicieron fue ponerle otro sello y decirme, sabes que ahora tienes que ir a justicia a Madrid, verdad?? Pues claro que lo sabía!! La semana siguiente con mis títulos me fui a Madrid. Por cierto, antes había pedido cita previa en el ministerio de asuntos exteriores, sin eso olvidados de que os atiendan. Pase por el ministerio de justicia, todo muy rápido y con un funcionario súper agradable que me deseo mucha suerte en chile. Con otro sello más y una hoja grapada porque ya no cabían más sellos en el folio me dirigí al ministerio de educación, que se supone que tenía que legalizar mi título de bachiller. Allí fui hasta el despacho donde me dijeron que me atendían. El sitio parece a punto que caerse a pedazos, cuatro funcionarias estresadas se apiñan en un despacho donde tienen que atender a gente que el 90% de las veces no sabe qué hacer. Una de las chicas salió a hablar conmigo al pasillo puesto que un hombre bastante enfadado estaba descargando su frustración con una de ellas. Y su frustración no era otra que la misma que iba a tener yo en seguida. La mujer me pidió ver mi título y me dice, aquí no podemos hacer nada puesto que el título es de Galicia, eso te lo solucionan allá. Me dieron ganas de matar a alguien, pero evidentemente la culpa no era de esa chica, así que decidí seguir con el siguiente paso e ir al Ministerio de Asuntos exteriores. Como había pedido cita para la tarde entre sin problema y en cinco minutos otro funcionario de lo más simpático que estaba cantando barbaridades con sus compañeros me puso otro sello y me dijo, ahora al consulado de chile!!! Como ya habrás adivinado consulado de chile, otros dos días de espera, 10€ por título y otros dos sellitos más. Ya no había donde poner un solo sello… a todo esto, una semana que tuve que pasar en Madrid. Pero bueno, siempre tengo cosas que hacer y gente que visitar que me hacen bastante amena la semana.

Evidentemente tenía un problema con el título de bachiller, y todavía me quedaba solucionar el certificado de penales. Volví a Galicia e, inocente de mí pensé que internet podía encontrar información sobre como legalizar mi título en la Xunta. Después de 15 días, QUINCE, llamando a todas partes y que solo obtuviese respuestas como, no sé, eso no se hace, eso no te hace falta… cuando estaba a punto de tirar la toalla, mi madre (que más lista no puede ser) sugirió acercarnos a la oficina de la Xunta que hay en Lalín. Milagros de la vida la mujer que allí trabaja había trabajado un montón de años en educación y todavía sabía el teléfono de uno de sus compañeros. Entre todos consiguieron localizar a la única, LA UNICA!!!! Persona que sabe legalizar el título. Con los datos de ella, es decir, nombre, apellidos, departamento, subdepartamento, sección y número de teléfono me fui a Santiago, de Compostela evidentemente. Y lo de ese sitio sí que ya es de vergüenza. El hombre de la garita a la pregunta de donde esta educación me respondió, pregunta dónde están las columnas. Allí pregunte y un chico todo apurado me dijo, espera que encontremos a un bedel. Con el bedel salimos los tres a la terraza superior y me indicaron como llegar al edificio, luego lo de encontrar el departamento ya era cosa mía. Allí entre en la primera oficina que vi, puesto que no hay ni un solo punto de información, y la chica me dijo, creo que en la tercera planta esta, sino es en la siguiente. Allí me dirigí, y vuelta a entrar a preguntar en la primera oficina que vi. La mujer que no tenía idea de que le hablaba pregunto a una compañera que muy segura me dijo, vete al fondo y allí en las mesas de la izquierda esta. Sorpresa la mía cuando llego al fondo y a la izquierda solo había un montón de archivadores. Justo de una puerta salía un señora a la que volví a preguntar y muy animada me dijo que me acompañaba, a la derecha!! Cuando por fin pensé que había logrado mi objetivo resulta que la mujer no estaba!!! Y nadie sabía hacer el trámite. A una de sus compañeras ante mi cara de voy a matar a alguien me dijo no te preocupes, yo sé hacerlo, pero espera afuera. Estoy segura de que llamo a la compañera para preguntarle cómo se hace para estampar un sello en la parte de atrás de mi título!!!

Después me puse con el certificado de penales. Tuve que pagar las tasas, creo que 5’85 o algo así y después con el papel del banco me fui a Coruña. Después de una hora esperando y jugando toda la sala al trivial del teléfono de un niño que había allí conseguí el papel que dice que soy una buena ciudadana. Y tocaba volver a Madrid!!! Volver otra vez al ministerio de Justicia, al ministerio de asuntos exteriores… que se me ocurrió pedir cita a la mañana y eso era un caos!! La gente no le importaba que fuesen llamando por nombre, cada dos minutos se formaba una fila enorme de gente que no entendía que por mucho que estuvieses allí no te iban a atender antes. Después de eso tome un taxi hasta el consulado. Sorprendentemente el hombre del consulado me pregunto si era chilena!!! Creo que después de tanto trámite ya no sabía ni que hablaba… en fin, después de decirle que no me indico muy amablemente que en Santiago aun tenía que hacer un último trámite, sin el cual todo lo anterior no servía para nada. Y después de desearme mucha suerte en chile me di cuenta de que había terminado todos los trámites en España y ya me podía ir!!!

Por supuesto eso no fue así. Al volver a Lalín me enteré de que me habían clonado la tarjeta de crédito!!! Así que sin tarjeta no podía irme. Espere dos semanas, luego tres… y mi tarjeta nunca llego… así que decidí venirme de todos modos, evidentemente sigo sin tarjeta, pero así tampoco gasto el dinero que no tengo!!!

Definitivamente con la burocracia hay que tener harta paciencia como dicen acá… por suerte el trámite en Santiago, que era otro sello más fue muy rápido, no había nadie esperando y el hombre me selló los papeles al momento, no todo iban a ser problemas!!! Eso si, mejor no echo la cuenta del dinero que me costó hacer todo esto…