En el país de las nanas
ellas son las reinas de la casa. Ellas la dirigen desde la sombra, preparan las
comidas, limpian, ordenan, deciden que hay que comprar… para los españoles, donde
no existe la figura de la nana, convivir con una de manera tan estrecha es tan
raro como incomodo al principio… y probablemente siempre lo será.
Hasta esta semana no había
convivido con una nana en la casa, pero siempre oía quejas sobre cuanto la
echaban de menos. Ellas llaman al servicio técnico, vigilan que el jardinero
haga bien su trabajo, controlan al chico que limpia la piscina, se encargan de que
en la casa no falte de nada y de pedir todos los suministros que se llevan
directamente a la casa. Sin ellas la casa es un desastre en el que siempre
falta algo o algo está sucio o mal hecho.
Este domingo llego la nana
de sus vacaciones. Nada más llegar se puso manos a la obra. Miró a su alrededor
y evaluó todo el trabajo que tenía que hacer. Nos preparó la cena, nos puso al
día sobre su familia, sus vacaciones, y se fue a dormir en las habitaciones que
hay al lado de la cocina. El lunes todo el mundo en la casa estaba de
vacaciones así que nos levantamos todos un poco más tarde de lo normal. Al
entrar en la cocina la nana estaba con M preparando su desayuno. Ellos
desayunaban en la cama, yo opte por la cocina, como siempre. Me prepare la
mesa, cogí de la nevera lo que suelo desayunar y a los pocos minutos la nana se
unió a mí. Se quejó sobre lo sucia que estaba la casa y que todo estaba fuera
de su lugar, además de que no sabía si la ropa estaba limpia o sucia, nada
estaba como ella lo hacía… es la reina de la casa y su reino había sido
alterado de un modo que no le gustaba nada.
Lo más impactante para mi
es lo que paso hoy. Me levante un poco más tarde de lo normal, la noche previa
había sido demasiado mala, el calor no me había dejado dormir hasta pasadas las
4 de la madrugada y como siempre me desperté a las 7. A las 9.30 conseguí
arrastrarme de la cama y dirigirme a la cocina. Allí estaba M que se llevaba su
desayuno escaleras arriba. Cuando mire hacia la mesa mi sorpresa fue mayúscula
cuando vi la taza con el café, el quesillo, el pan, todo lo que suelo
desayunar. En cuestión de horas se aprendió mis hábitos. Sabe que no me gusta
la fruta después de comer, pero que me gusta a media tarde. Se encarga de
recordarme que me olvido de tomar once…. Eso conmigo que solo soy una invitada,
evidentemente yo me lavo y plancho mi ropa, pero en la cocina quien manda es
ella.
Para los españoles tener
nana es más raro que un perro verde y para mi es incomoda la falta de
intimidad. Cuando comemos ella espera pacientemente de pie en la cocina para
recoger todo en el momento en que terminamos. Al parecer a muchas familias
europeas les sigue resultando incómodo y deciden prescindir de ellas. Pero hablando
con familias chilenas te dicen que es imposible manejar una casa sin ellas, además
que cuando tienes niños pequeños es muy difícil conciliar la vida laboral,
social y familiar. Si quieres salir por la noche no hay canguro a la que puedas
recurrir, los horarios de trabajo y de los niños son incompatibles. Cuando voy
a buscar a A y queremos salir a cenar la nana se queda con las niñas y ella
puede salir tranquila sin preocuparse. Supongo que son formas distintas de ver
la vida… todo tiene su lado bueno y su lado malo… en el fondo no deja de ser
una cosa cultura…
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