domingo, 10 de febrero de 2013

El río invisible


En el país de las nanas ellas son las reinas de la casa. Ellas la dirigen desde la sombra, preparan las comidas, limpian, ordenan, deciden que hay que comprar… para los españoles, donde no existe la figura de la nana, convivir con una de manera tan estrecha es tan raro como incomodo al principio… y probablemente siempre lo será.

Hasta esta semana no había convivido con una nana en la casa, pero siempre oía quejas sobre cuanto la echaban de menos. Ellas llaman al servicio técnico, vigilan que el jardinero haga bien su trabajo, controlan al chico que limpia la piscina, se encargan de que en la casa no falte de nada y de pedir todos los suministros que se llevan directamente a la casa. Sin ellas la casa es un desastre en el que siempre falta algo o algo está sucio o mal hecho.

Este domingo llego la nana de sus vacaciones. Nada más llegar se puso manos a la obra. Miró a su alrededor y evaluó todo el trabajo que tenía que hacer. Nos preparó la cena, nos puso al día sobre su familia, sus vacaciones, y se fue a dormir en las habitaciones que hay al lado de la cocina. El lunes todo el mundo en la casa estaba de vacaciones así que nos levantamos todos un poco más tarde de lo normal. Al entrar en la cocina la nana estaba con M preparando su desayuno. Ellos desayunaban en la cama, yo opte por la cocina, como siempre. Me prepare la mesa, cogí de la nevera lo que suelo desayunar y a los pocos minutos la nana se unió a mí. Se quejó sobre lo sucia que estaba la casa y que todo estaba fuera de su lugar, además de que no sabía si la ropa estaba limpia o sucia, nada estaba como ella lo hacía… es la reina de la casa y su reino había sido alterado de un modo que no le gustaba nada.

Lo más impactante para mi es lo que paso hoy. Me levante un poco más tarde de lo normal, la noche previa había sido demasiado mala, el calor no me había dejado dormir hasta pasadas las 4 de la madrugada y como siempre me desperté a las 7. A las 9.30 conseguí arrastrarme de la cama y dirigirme a la cocina. Allí estaba M que se llevaba su desayuno escaleras arriba. Cuando mire hacia la mesa mi sorpresa fue mayúscula cuando vi la taza con el café, el quesillo, el pan, todo lo que suelo desayunar. En cuestión de horas se aprendió mis hábitos. Sabe que no me gusta la fruta después de comer, pero que me gusta a media tarde. Se encarga de recordarme que me olvido de tomar once…. Eso conmigo que solo soy una invitada, evidentemente yo me lavo y plancho mi ropa, pero en la cocina quien manda es ella.

Para los españoles tener nana es más raro que un perro verde y para mi es incomoda la falta de intimidad. Cuando comemos ella espera pacientemente de pie en la cocina para recoger todo en el momento en que terminamos. Al parecer a muchas familias europeas les sigue resultando incómodo y deciden prescindir de ellas. Pero hablando con familias chilenas te dicen que es imposible manejar una casa sin ellas, además que cuando tienes niños pequeños es muy difícil conciliar la vida laboral, social y familiar. Si quieres salir por la noche no hay canguro a la que puedas recurrir, los horarios de trabajo y de los niños son incompatibles. Cuando voy a buscar a A y queremos salir a cenar la nana se queda con las niñas y ella puede salir tranquila sin preocuparse. Supongo que son formas distintas de ver la vida… todo tiene su lado bueno y su lado malo… en el fondo no deja de ser una cosa cultura…