jueves, 31 de enero de 2013

Navegaciones y regresos


Este fin de semana fue la primera vez que me sentí incomoda en Santiago. Alguna vez tenía que suceder, no todo iban a ser alegres experiencias y sentirse como en casa, aunque extrañada de tantas cosas y aprendiendo algo nuevo cada día… pero bueno, que nadie se asuste, no fue una mala experiencia, solo fue algo raro.

Para ponernos en situación, sábado por la tarde, 30 grados a la sombra y yo disfrutando de la piscina a las 6.30 de la tarde. En ese momento mi teléfono decide que le apetece recibir la señal del wifi y suena el aviso del mail. Era X. que estaba de paseo por Providencia y me preguntaba si me apetecía tomar una cerveza (en realidad la conversación fue más larga e implicó varios mails para ponernos al día y decir otras tonterías antes de llegar al meollo de la cuestión, que era ir a tomar una cerveza con él y con O. pero no os voy a aburrir con eso) No nos veíamos desde que nos despedimos en el aeropuerto y siempre hace ilusión ver a un compañero de patria, o al menos de península para no meternos en conflictos de nacionalidades. Así que me despedí de la piscina y los avisé de que necesitaba al menos una hora para llegar, fueron buenos y me concedieron hora y media. A las 8 íbamos a encontrarnos en la parada del metro U. de Chile, línea 1 así que perfecto para mí.

Una hora después salía yo de la casa con mi vestido blanco de lunares negros (no os imagináis el uso que le estoy dando aquí) maquillada, con mis gafas de sol, (que el sol aquí quema) y con zapato plano, que pese a todo aun me esperaban 30 minutos cerro abajo hasta el paradero del metro. Después de dos semanas de verano hasta tengo un poco de colorcito y estaba de muy buen humor, con lo que me encontré de nuevo tarareando una canción por la calle (al final los vecinos se van a pensar que estoy loca). De camino salude al perro que vive en la calle dos cuadras más abajo y me dirigí al metro. Llegando me di cuenta de que ya llegaba tarde y aún no había subido al tren, como siempre, esta ciudad siempre consigue que llegue tarde a todos lados… y ahí empezó lo raro. Aproveché para enviarles un mail mientras esperaba a que el semáforo más lento de la historia cambiase de color. De repente había un hombre con un labrador al mi lado, nada raro teniendo en cuenta donde estaba. Mientras enviaba el mail perdí mi oportunidad de pasar en rojo al igual que el resto de la gente que estaba esperando conmigo, excepto el hombre del perro. Cuando terminé se me ocurrió mirar a mi lado y me encontré con el hombre mirándome fijamente a una distancia demasiado corta como para no resultar raro. Y así se pasó los cinco minutos que tardo el semáforo en cambiar. Por suerte en cuanto cambio el color nos fuimos cada uno por nuestro lado y pude olvidarme del hombre que me miraba raro. En verdad, me miraba muy raro…

Lo bueno de tomar el metro en la estación de inicio de línea es que puedes ir sentada, y cuando te vas a pasar 20 minutos en un vagón se agradece. Lo malo, que tienes mucho tiempo para mirar a quien va enfrente, porque aunque vayas con la música a todo volumen es difícil no fijarte en el grupito de chicos que va sentado frente a ti haciendo todo lo posible por que mires hacia ellos. Después del hombre raro del semáforo que cuatro veinteañeros se dedicasen a hacerme ojitos y a contorsionarse para conseguir captar mi mirada era ya más que raro… Pese a todo yo con mis cascos y mis gafas de sol hice lo posible por evitarlos, pese a que era difícil y aun por encima de vez en cuando me encontraba con la mirada de algún hombre que mejor no saber lo que estaba pensando. Fueron los 20 minutos más incómodos de mi vida y puedo deciros que el suelo del metro es de color gris con motas más oscuras y hay una pegatina que te pide amablemente que no te sientes en al suelo, con lo sucio que esta me pregunto quién querría sentarse allí. El caso es que ya aburrida de mirar al suelo y sin saber que más hacer para evitar las miradas babosas que atraía esa tarde, llegue a mi destino.

Finalmente conseguí llegar solo 20 minutos tarde, con lo que les di tiempo a X y a O de cenar un picho moruno en la calle. Tengo que reconocer que tardé un rato en identificar el significado del mail, “te esperamos en la parrillera al lado del McDonals” que recibí estando de camino. Pero soy una chica lista y un mail críptico no iba a superarme, menos después de sobrevivir a 20 minutos de acoso poco disimulado. Así que puse en marcha todo mi ingenio y decidí que lo primero y más sencillo era encontrar el McDonals. Soy tan lista que en lugar de dar vueltas por la calle me acerque a una empleada del metro y le pedí que me indicara cual era la salida más cercana al dichoso sitio, por suerte o por desgracia todo el mundo sabe cómo es un McDonals y si trabajas cerca estoy segura de que sabes el camino más corto. Dicho y hecho, la salida que me indico la mujer daba exactamente a la puerta del establecimiento. Ignorando los comentarios libidinosos de varios transeúntes conseguí localizar a los chicos, y después descubrí que una parrillera eran dos argentinos al lado de una especie de barbacoa casera y con pinta inestable que cocinaban unos pinchos en la entrada del paseo de la Ahumada.  

Lo primero que salió de boca de O al verme fue “ostras que guapa”. Evidentemente agradecí el comentario, pero si me comparaba con la última vez que nos vimos cualquier cosa es una mejoría. Después de 24 horas en un avión con unas mayas y una camiseta de rayas blancas y negras cualquier cosa es un cambio a mejor. Además, ¿a quien no le sienta bien estar morena? Tras los saludos y varios comentarios sobre lo guapa y morena que estaba que me sentaron más que bien nos pusimos en camino hacia la plaza de armas.

Tras sentarnos y pedir un pitcher de cerveza (es decir una jarra de dos litros por 4.000 pesos, unos 6’50€, hay que tener en cuenta que estábamos en zona cara y turística) nos pusimos al día. Más bien ellos se pasaron una hora llorando que trabajan demasiado, que tienen demasiada responsabilidad, que están haciendo mil cosas diferentes y milagrosamente todas relacionadas con lo que estudiaron… no sé porque a mí me pegaba la risa y el único pensamiento que me venía a la cabeza era, que no os oigan en España que os pegan… después de dejarlos quejarse un rato ya se había hecho de noche así que decidimos dar una vuelta por unas calles bastante más vacías y con más borrachos (a las 10 de la noche!!!) y tomarnos la última en un bar según ellos con mala pinta, según yo un bar universitario normal, pero lo mejor, el pitcher de cerveza a 2.000 pesos. Eso es lo que pasa cuando te alejas de las zonas turísticas.

El gran problema de Santiago es que el metro cierra a las 11 de la noche, lo que acorta bastante las salidas. Claro, eso por ahora que ninguno controla demasiado la ciudad y no estamos como para volver a casa en taxi, vosotros dadme tiempo… el caso es que terminamos la cerveza apurados y pusimos rumbo a la estación de metro. Al final tuvimos que acelerar el paso para poder tomar el último tren. Por suerte compartimos línea, solo que ellos se bajan dos paradas antes. A medida que te alejas del centro el tren se va vaciando, las ventanas van siempre abiertas por lo que hay una permanente corriente de aire que arrastra las pelusas a lo largo del tren. Cuando llego al final de la línea voy siempre prácticamente sola, no veáis lo divertido que es mirar como las bolas de pelusa se desplazan adelante y atrás cada vez que el metro arranca o para… definitivamente, aún menos mal que solo son dos paradas sola, si llegan a ser más me veo haciendo carreras de pelusas…

Después como siempre toca tomar taxi hasta la casa. Evidentemente no voy a subir andando de noche, de día pasa que intente suicidarme subiendo esta cuesta infernal a pleno sol, pero de noche no es plan… y ahí fue la segunda cosa rara del día. En realidad no rara, pero me hico mucha gracia. Volviendo en taxi normalmente les indico exactamente la casa para que me dejen al lado de la puerta. Como el taxista no conocía la zona yo fui indicándole por dónde ir. Hasta a los coches les cuesta en algún punto subir. De repente el hombre me preguntó si llevaba mucho viviendo allí y le dije la verdad, que menos de dos semanas. Yo pensé que había notado el acento español, tampoco es que hablase más de siga derecho, tome la siguiente a la derecha, pero bueno…. El caso fue que el hombre se refería a cuánto tiempo llevaba viviendo en la zona y me di cuenta cuando me dijo “señorita, tiene que decirle a su marido que para vivir acá tiene que comprarle una camioneta, un coche normal no puede subir por aquí. Pero en verdad la casa es hermosa. No me extraña que la eligieran para vivir.

Yo en el momento me quede a cuadros, como que mi marido tiene que comprarme una camioneta????? Cuando pude entender a que se refería ya habíamos llegado a la casa y no iba a explicarle al hombre nada de mi vida, obviamente. Además, una de las perras ya me esperaba en la verja feliz de verme y yo solo me preocupé de encontrar las llaves antes de salir del taxi. Pero que sepáis que el consejo del taxista no se me va a olvidar. Cuando tenga un marido pienso exigirle que me compre una camioneta, que mucha casa en zona de ricos y la niña tiene que tomar taxi al salir del metro… es que hay hombres que no hay por dónde cogerlos… uy, perdón!! Hay hombres que no se merecen llamarse hombres… (Por cierto, como se dirá en chileno que no hay por dónde coger algo??? Tendré que averiguarlo ya os informare del resultado de la pesquisa… el caso es a quien se lo pregunto sin que le dé un infarto o se piense que le propongo algo…)

domingo, 27 de enero de 2013

España en el corazón


Me di cuenta de que esta historia no tiene principio, pero bueno, dicen que las buenas novelas se caracterizan por los saltos en el tiempo sin perder la línea argumental (se nota que en el libro que estoy leyendo el protagonista es un editor?). Bueno, con tanta explicación me estoy desviando del tema de nuevo. El caso es que desde hace tiempo quería escribir sobre la aventura que fue organizar este cambio de residencia. Y evidentemente, todo empezó en España, y su maravillosa burocracia.

Voy a ser buena y os voy a ahorrar los 11 meses de planes, búsqueda de información, dudas y conversaciones surrealistas con P. Vamos directamente a cuando empecé a legalizar los títulos. Para el que no lo sepa, si tienes intención de obtener un visado de trabajo fuera de la unión europea, evidentemente lo primero que necesitas es un trabajo, pero ese paso me lo salte y como mujer precavida que soy decidí comprobar que requisitos me ponía el gobierno de chile para la obtención de cualquier visado que no fuese turista.

Si quieres entrar como turista no te piden nada, bueno, miento, se supone que tienes que llevar billete de vuelta (listo) una carta del banco o un extracto bancario donde aparezca que no eres pobre de pedir (listo) pero no especifican la cantidad de dinero exacta, así que depende del humor del de la aduana y la reserva del hotel o una carta de invitación (esa parte me la salte libremente). Consecuencia, llegue a la aduana y la mujer solo me deseo una feliz estancia, ni una mísera pregunta…

El caso es que si quieres sacarte un visado de trabajo la cosa se complica algo más. No es un requisito obligatorio, pero si la empresa te lo pide tienes que presentar tu título universitario, de master, del bachiller, etc… ellos sabrán lo que te quieren pedir o si te lo quieren pedir. Por otro lado el gobierno de chile quiere saber fehacientemente que no eres un delincuente fugado así que necesitas el certificado de antecedentes penales y certificado médico. Evidentemente tienes que tener pasaporte, llevar 4 fotos (en el mundo de la era digital que te sigan pidiendo fotos me mata) y otras cosas de las que ya se tiene que encargar tu futura empresa. La parte más sencilla, el certificado médico, prepárate para pagar e ir a la clínica que el gobierno chileno te diga. Así que estando tranquilamente en España lo único que tiene que preocuparte son los títulos y el certificado de penales, porque todo tiene que ir legalizado. Eso que suena tan abstracto en realidad es una auténtica tortura, estoy convencida de que es un truco del gobierno para evitar la sangría de jóvenes que huyen del país… sin embargo no contaban con que las ganas de no volver a verlos son superiores a cualquier traba burocrática.

Con toda esa información en la cabeza empecé por tratar de legalizar tanto el título universitario como el master. Al ser titulaciones privadas el papeleo es increíblemente largo y caro. Inocente de mi pensé que el título de bachiller como es algo legal, creado por el gobierno iba a ser el paso más sencillo… ja! Menuda broma… en fin, que se me ocurrió mirar en internet, un día así por encima y tras dos horas conseguí encontrar información sobre cómo hacer todo el proceso. Con las prisas no lo imprimí y cuando quise volver a consultarlo la página había cambiado y esa información no se encontraba por ningún lado!!!! Así que llame por teléfono y cuál fue mi sorpresa cuando un funcionario de lo más borde me dice que los títulos privados no se legalizan. Yo que había leído lo contrario ya no solo en la página del ministerio de educación sino en varias páginas de emigrantes me indigne, pero no merecía la pena decirle nada a semejante inútil. Así que recurrí a la segunda vía de contacto. Escribir un mail. Muy claramente expuse las dos cosas que quería hacer (léase legalizar título propio y título no universitario). Por suerte me respondió un hombre, Carlos (al que siempre le estaré agradecida) que muy amablemente me respondió y todas mis dudas y me explico claramente todos los procesos e incluso me remitió los enlaces para acceder directamente a la información que yo ya había visto anteriormente en la página web y que misteriosamente ahora es prácticamente imposible de encontrar.

Así que con mi información en la mano me fui al notario, a pagar 3’40€ por un sello en cada uno de mis títulos privados. Recogí una copia de cada título con un sellito del notario, que solo me servía para ir al presidente del colegio de notarios, o en este caso a su representante. Por suerte el notario me dio una lista de sitios a los que ir así que me fui a Ourense. Allí tuve que dejar los títulos y volver a recogerlos dos días después, eso sí, después de pagar 15 euros por cada uno. Lo único que hicieron fue ponerle otro sello y decirme, sabes que ahora tienes que ir a justicia a Madrid, verdad?? Pues claro que lo sabía!! La semana siguiente con mis títulos me fui a Madrid. Por cierto, antes había pedido cita previa en el ministerio de asuntos exteriores, sin eso olvidados de que os atiendan. Pase por el ministerio de justicia, todo muy rápido y con un funcionario súper agradable que me deseo mucha suerte en chile. Con otro sello más y una hoja grapada porque ya no cabían más sellos en el folio me dirigí al ministerio de educación, que se supone que tenía que legalizar mi título de bachiller. Allí fui hasta el despacho donde me dijeron que me atendían. El sitio parece a punto que caerse a pedazos, cuatro funcionarias estresadas se apiñan en un despacho donde tienen que atender a gente que el 90% de las veces no sabe qué hacer. Una de las chicas salió a hablar conmigo al pasillo puesto que un hombre bastante enfadado estaba descargando su frustración con una de ellas. Y su frustración no era otra que la misma que iba a tener yo en seguida. La mujer me pidió ver mi título y me dice, aquí no podemos hacer nada puesto que el título es de Galicia, eso te lo solucionan allá. Me dieron ganas de matar a alguien, pero evidentemente la culpa no era de esa chica, así que decidí seguir con el siguiente paso e ir al Ministerio de Asuntos exteriores. Como había pedido cita para la tarde entre sin problema y en cinco minutos otro funcionario de lo más simpático que estaba cantando barbaridades con sus compañeros me puso otro sello y me dijo, ahora al consulado de chile!!! Como ya habrás adivinado consulado de chile, otros dos días de espera, 10€ por título y otros dos sellitos más. Ya no había donde poner un solo sello… a todo esto, una semana que tuve que pasar en Madrid. Pero bueno, siempre tengo cosas que hacer y gente que visitar que me hacen bastante amena la semana.

Evidentemente tenía un problema con el título de bachiller, y todavía me quedaba solucionar el certificado de penales. Volví a Galicia e, inocente de mí pensé que internet podía encontrar información sobre como legalizar mi título en la Xunta. Después de 15 días, QUINCE, llamando a todas partes y que solo obtuviese respuestas como, no sé, eso no se hace, eso no te hace falta… cuando estaba a punto de tirar la toalla, mi madre (que más lista no puede ser) sugirió acercarnos a la oficina de la Xunta que hay en Lalín. Milagros de la vida la mujer que allí trabaja había trabajado un montón de años en educación y todavía sabía el teléfono de uno de sus compañeros. Entre todos consiguieron localizar a la única, LA UNICA!!!! Persona que sabe legalizar el título. Con los datos de ella, es decir, nombre, apellidos, departamento, subdepartamento, sección y número de teléfono me fui a Santiago, de Compostela evidentemente. Y lo de ese sitio sí que ya es de vergüenza. El hombre de la garita a la pregunta de donde esta educación me respondió, pregunta dónde están las columnas. Allí pregunte y un chico todo apurado me dijo, espera que encontremos a un bedel. Con el bedel salimos los tres a la terraza superior y me indicaron como llegar al edificio, luego lo de encontrar el departamento ya era cosa mía. Allí entre en la primera oficina que vi, puesto que no hay ni un solo punto de información, y la chica me dijo, creo que en la tercera planta esta, sino es en la siguiente. Allí me dirigí, y vuelta a entrar a preguntar en la primera oficina que vi. La mujer que no tenía idea de que le hablaba pregunto a una compañera que muy segura me dijo, vete al fondo y allí en las mesas de la izquierda esta. Sorpresa la mía cuando llego al fondo y a la izquierda solo había un montón de archivadores. Justo de una puerta salía un señora a la que volví a preguntar y muy animada me dijo que me acompañaba, a la derecha!! Cuando por fin pensé que había logrado mi objetivo resulta que la mujer no estaba!!! Y nadie sabía hacer el trámite. A una de sus compañeras ante mi cara de voy a matar a alguien me dijo no te preocupes, yo sé hacerlo, pero espera afuera. Estoy segura de que llamo a la compañera para preguntarle cómo se hace para estampar un sello en la parte de atrás de mi título!!!

Después me puse con el certificado de penales. Tuve que pagar las tasas, creo que 5’85 o algo así y después con el papel del banco me fui a Coruña. Después de una hora esperando y jugando toda la sala al trivial del teléfono de un niño que había allí conseguí el papel que dice que soy una buena ciudadana. Y tocaba volver a Madrid!!! Volver otra vez al ministerio de Justicia, al ministerio de asuntos exteriores… que se me ocurrió pedir cita a la mañana y eso era un caos!! La gente no le importaba que fuesen llamando por nombre, cada dos minutos se formaba una fila enorme de gente que no entendía que por mucho que estuvieses allí no te iban a atender antes. Después de eso tome un taxi hasta el consulado. Sorprendentemente el hombre del consulado me pregunto si era chilena!!! Creo que después de tanto trámite ya no sabía ni que hablaba… en fin, después de decirle que no me indico muy amablemente que en Santiago aun tenía que hacer un último trámite, sin el cual todo lo anterior no servía para nada. Y después de desearme mucha suerte en chile me di cuenta de que había terminado todos los trámites en España y ya me podía ir!!!

Por supuesto eso no fue así. Al volver a Lalín me enteré de que me habían clonado la tarjeta de crédito!!! Así que sin tarjeta no podía irme. Espere dos semanas, luego tres… y mi tarjeta nunca llego… así que decidí venirme de todos modos, evidentemente sigo sin tarjeta, pero así tampoco gasto el dinero que no tengo!!!

Definitivamente con la burocracia hay que tener harta paciencia como dicen acá… por suerte el trámite en Santiago, que era otro sello más fue muy rápido, no había nadie esperando y el hombre me selló los papeles al momento, no todo iban a ser problemas!!! Eso si, mejor no echo la cuenta del dinero que me costó hacer todo esto… 

viernes, 25 de enero de 2013

Las manos del día


Santiago es una ciudad que se conoce a base de pasear por ella. Al principio puede dar miedo tomar la micro (autobús urbano). Piensas, no conozco la ciudad, las micros van hasta los topes, y si acabo en medio de un barrio malo?? La cuestión es que la tecnología es una gran ayuda con eso. Y nunca se me habría ocurrido si no fuese porque vi a B. hacerlo.

Evidentemente lo primero que tienes que hacer es saber a dónde quieres ir. Y lo segundo saber desde donde tienes que partir. Donde vivo ahora, sé que haga lo que haga, no me voy a ahorra los 30 minutos andando hasta el paradero (parada) del autobús o del metro. Pues bien, ayer decidí visitar la zona de Alonso de Córdova. Es como el Serrano de Santiago. Están las mejores tiendas, los mejores restaurantes… así que por la mañana me levante, abrí el google maps y el transantiago. En el primero puse la dirección que quería visitar y en el segundo las direcciones de casa y de destino. Al final decidí no arriesgarme con la micro así que pensé, lo mejor es que vaya en metro y de ahí son solo 30 minutos caminando por la calle Alonso de Córdova, en una hora veo toda la zona, almuerzo y me vuelvo. Que equivocada estaba.

Llegue a la parada de Manqueue, a dos paradas de la mía, y salí a una calle achicharrada por un sol de justicia, con el paseo hasta el metro y demás eran ya las 12 del mediodía. Así que me puse a caminar por Alonso de Córdova. El problema es que la parte de tiendas esta exactamente en el punto opuesto y Santiago no se caracteriza por ser una zona llena de árboles. Por suerte en la zona había alguno y los rascacielos daban algo de sombra. Tras más de 30 minutos caminando por una zona nueva y llena de oficinas decidí que ya bastaba, así que saque el celular (o sea, el móvil de toda la vida) y con el maps me ubique. Por suerte estaba a 10 minutos del Parque Arauco. No os penséis que es un parque de verdad, bueno, sí que hay un parque al lado, el Parque Araucano. Pero yo a donde fui fue al Mall Parque Arauco (centro comercial). Nunca pensé que me fuesen a gustar los centros comerciales. Pero en ese momento cualquier lugar donde me pudiese sentar a la sombra era el paraíso para mí. Así que allí me dirigí. No era la primera vez que entraba, pero es tan grande que nunca termino de verlo todo. Si lo que quería era ver tiendas la verdad es que cumplí mi objetivo. Después me comí un crep vegetal y decidí que no tenía fuerzas para caminar otra hora más con ese calor horrible. Así que tome la micro de vuelta a casa. Bueno, la micro, el metro y después me plantee seriamente tomar un taxi para remontar los 45 minutos de subida precordillera arriba. Al final mi orgullo pudo más y decidí ir caminando. A veces pienso que moriré en el intento un día de estos…

El caso es que hoy decidí ir a Bellavista y aparte de conocer un poco el barrio también quería atreverme a tomar la micro. Así que miré y por suerte había varios autobuses que me dejaban en Plaza Italia o alrededores directamente. Por recomendación del transantiago tome el 503 (de verdad, hacedle caso siempre, suele elegir la ruta más rápida, los otros autobuses tardan una eternidad!!!!) lo peor encontrar el maldito paradero. Aquí las instrucciones son, toma la micro en el paradero Apoquindo/Colón dirección oeste. Cuál es la dirección oeste????? Pero bueno, aquí puedes preguntarle a cualquiera y seguro que no encuentras tu paradero, pero seguro que te encuentran la micro que va hacia allí sin tener ni que moverte… eso sí, a saber el tiempo que tardas en llegar…

A lo que iba, conseguí tomar el autobús correcto, no en el paradero que esperaba pero en uno como a 50 metros… no está nada mal… jejejeje un dato curioso sobre las micros, nunca sabes lo que te vas a encontrar en ella. Lo más común es que se suba gente que quiere vender parchecuritas (tiritas) por 100 pesos o gente que canta, normalmente mal… sin embargo hoy subió un hombre con una guitarra que tocaba y cantaba realmente bien. El hombre sentado a mi lado estaba realmente emocionado y se puso a contarme, literalmente, su vida. Según conto es arquitecto, pero adora cantar y cuando este verano estuvo en Europa se dedicó a cantar en el metro en todas las ciudades que visito. Entonces empezó a preguntarme a que me dedicaba y demás. Al final me dio su tarjeta y un buen consejo para esta ciudad: tienes que tener tarjeta. Aquí todo funciona por quien conoces, aunque sea a alguien que has conocido en el bus. Nunca sabes quién puede estar sentado a tu lado y si esa persona, a lo mejor no ahora, pero en un futuro te puede ayudar. Su frase fue, te quedas en la mente de la persona, si tiene forma de contactarte lo hará. Definitivamente me encanta este país, donde los desconocidos te dan buenos consejos porque sí.

Después de este encuentro llegué sin ningún problema al barrio Bellavista. El barrio de Bellavista es una zona universitaria. Llena de bares y restaurantes bastante pintorescos. En esta época está muy tranquilo porque son las vacaciones de verano, pero pese a todo se ha puesto muy de moda entre los turistas y puedes ver los bares llenos de americanos.

La visita del día fue a La Chascona, la casa de Pablo Neruda en Santiago de Chile. En realidad son tres pequeñas casas unidas por patios y escaleras caóticas. Es estrecha, de techos bajos y chirriantes suelos de madera que imitan el interior de un barco. En su interior se conservan parte de sus colecciones. Pablo Neruda coleccionaba de todo, botellas, postales, juguetes… todas las cristalerías son de colores, según decía la bebida sabe mejor en copa de colores y creo que tiene razón. Además de sus colecciones aún se conserva parte de las obras de arte que le regalaban sus amigos. Se pueden ver obras de Diego Rivera, entre otros artistas chilenos e internacionales. Tras el golpe de estado la casa fue saqueada, pero su mujer Matilde consiguió volver a arreglarla después de la muerte del poeta.

Tras la visita vuelta a la micro y a subir la precordillera. Cada día tengo la sensación de que moriré antes de llegar a la cima… sin embargo lo único que me ha pasado hasta ahora es que me he quemado un brazo, si, solo uno!!


P.d.: se me olvidaba mencionar el truco de B. Adoro tener el google maps en el celular!!! De vez en cuando compruebas la ubicación en el mapa y cuando estas llegando a tu destino es solo cuestión de dar el aviso de parada a tiempo. Lo bueno que tienen las micros es que tienen bastantes paraderos, así que si no paras exactamente en el tuyo seguramente el siguiente no está a más de 50 metros. 

martes, 22 de enero de 2013

Tercera residencia (fin de semana largo en la costa)


El jueves nos fuimos a Reñaca. Reñaca es un pueblito de la costa, justo pasando Viña del Mar. Para hacer una comparación es como Sanxenxo pero con buena playas. Los edificios son los típicos de la costa, altos, feos y mal construidos. Sin embargo justo enfrente esta Valparaíso y por la noche brilla como un diamante.

El mar ruje y aunque estés lejos del agua cuando estas tumbado en la arena te salpica la espuma. Sin embargo es difícil relajarse cuando la música de los miles de bares suena a todo volumen. Reñaca es un lugar de fiesta, lleno de argentinos y jóvenes que duermen de día y comienzan la fiesta a las 5 de la tarde.

Valparaíso es otra historia. No es un lugar fácil, pero es terriblemente hermoso. Es uno de los puertos más importantes de Chile y una de las ciudades más antiguas. Desde siempre fue un lugar peligroso y ese halo no se le ha quitado completamente.

Los cerros son absolutamente imposibles de subir y para evitarte las escaleras lo mejor que puedes hacer es tomar los ascensores. Alguno de ellos es impresionante porque salva una diferencia de altura aterradora y no dejan de ser cajas de madera sobre unos railes oxidados.

Lo mejor de Valpo es el Street art. Toda la ciudad está cubierta de grafitis y cada uno es más espectacular que el anterior.

Desde los cerros se pueden apreciar las diferencias de la ciudad. Parece imposible esa acumulación de casas hechas de maderas y lata colgadas en las laderas de los cerros y pensar que han sobrevivido a varios terremotos. Y por otro lado puedes encontrar hermosas casa inglesas o mansiones con jardines y murallas cubiertas de grafitis. El arte está por todos lados, incluidos los tejados y las farolas.

Por el día Valpo está lleno de turistas y de vida. Puedes comer pescado y marisco fresco en el puerto, aunque antes era más barato. Hablando con una camarera nos contaba que mientras el mercado estaba abierto no tenían que pagar alquiler por lo que los precios eran muy bajos. Al parecer el edificio lo cerraron el año pasado, pero si lo ves parece que lleva años en ruinas. Hoy en día puedes comer un plato de pescado por 4000 pesos, unos 6 euros. El pisco sour cuesta unos 1000 pesos, pero si te quejas de que el precio de la comida es demasiado caro te lo regalan y la entrada también. Ah! Otra cosa que se me olvidaba es que el pan acá en gratis, y te lo ponen con mantequilla clarificada con pimiento o con una salsa picante súper rica.

Un gran descubrimiento en la ciudad fue “El Pimentón”. Es un restaurante chiquito, con las mesas cada una a su modo y sillas de madera que parecen rescatadas del desván de la abuela. Las paredes están cubiertas de carteles reivindicativos, de las protestas estudiantiles, contra el machismo en toda américa latina. El servicio es excelente y la comida de lo mejor. Tienen una cerveza artesanal hecha con malta, porotos y choclo (traducido: malta, patata y maíz) y las empanadas son enormes y solo por 1900 pesos (3€). Nos gustó tanto que volvimos a cenar al día siguiente para que bárbara pudiese tomar su pastel de choclo. El pastel de choclo es un plato tradicional, hecho con una crema de maíz, carne picada, pollo, huevo cocido, aceitunas, nata, queso y mil cosas más todo cocinado en el horno. Por cierto, las empanadas nada que ver con las españolas. Hay dos tipos, son como empanadillas gigantes, pueden ser fritas o al horno. Las fritas normalmente se rellenan de queso y mariscos, aceitunas, carne… lo que tengan por la cocina. Las que son al horno suelen hacerse con una mezcla de cebolla, pimientos y carne, mariscos, verduras….

Por cierto, aquí es tradición dejar el 10% de propina a los camareros. No es obligatorio, pero los sueldos son muy bajos así que la mayor parte del salario que reciben viene de las propinas.

En la noche Valparaíso está lleno de bares y clubs. El coyote quemado es el lugar donde puedes beber piscola a 600 pesos (menos de un euro). Para entrar te piden un documento de identificación, no lleves el pasaporte, eso es una locura, con el DNI les sirve. Se bebe sentado en mesas (prepárate para morir en el medio del humo, en Chile todavía se permite fumar. Se supone que en marzo entra en vigor la ley antitabaco) El sitio es un auténtico antro de madera con una galería superior todo alrededor del recinto. La oscuridad es un punto a su favor, cuando todo es negro no se ve la porquería que lo cubre todo. Pero por un pisco a 600 quien se fija en la limpieza. Otra bebida famosa es el sacrificio maya. Por 500 pesos te dan un chupito largo del peor tequila del mundo que queman y tienes que tomar con una pajita. Yo no me vi con cuerpo para probarlo, pero las caras de mis amigos decían lo bueno que era…

Bajo ningún concepto te quedes en Valpo una vez que cierran los bares. En la noche el ambiente de la ciudad cambia completamente. Intenta no parecer un turista y nunca te metas con las mujeres, dan mucho más miedo ellas que los hombres. La gente bebe y pierde el control, pero siempre que no te metas por calles solitarias y tengas cuidado no debería haber problema.

Mi finde en Reñaca termino el domingo cuando por primera vez tome un bus yo sola. Decidí volverme a Santiago en autobús yo sola, al llegar a la ciudad fui capaz de encontrar el metro y después tomar un taxi e indicarle el camino a casa. Poco a poco voy haciéndome con la ciudad!!

Estravagario (o cosas de Chile a las que es mejor acostumbrarse rápido)


  1.  En chile se pueden abandonar a los perros, por lo tanto la calle está llena de perros callejeros. Tienes que acostumbrarte lo antes posible a vivir rodeada de perros que duermen en medio de la calle, te persiguen por la acera, te miran fijamente cuando comes...
  2.  Los taxis siempre se piensan que necesitas que te lleven a alguna parte. Por lo tanto no les importa nada pararse en medio de una avenida y pitarte cuando tu simplemente estas esperando a que el semáforo cambie de color.
  3. El número de carriles depende de la prisa que tengas. Siempre que quepa un coche y medio puedes estar segura de que por ahí van a circular al menos dos coches… y lo más probable es que esa misma idea la tenga el conductor del carril contrario…
  4.  En Chile no hay chocolate bueno… sin embargo prepárate para vivir rodeada de manjar, toooooooooodo se hace con manjar. Si no te gusta más te vale irte acostumbrando.
  5. Por suerte en Santiago ha cambiado la normativa, pero en el resto del país los conductores de autobuses urbanos, aquí llamados micro, ganan dinero en función del número de pasajeros. Por lo tanto conducen como locos compitiendo unos con otros para conseguir el mayor número de pasajeros posible. Los sonidos de las bocinas son la banda sonora de la ciudad y tomar una micro es casi un deporte de riesgo.
  6.  En contra del sentido común en esta ciudad de locos han decidido que lo mejor para mejorar la fluidez y reducir la contaminación es reducir el número de micros o autobuses públicos.
  7. Olvídate de llegar al metro y ver un cartelito con el tiempo hasta el próximo tren. Ellos llegan cuando quieren… por lo demás no hay queja, pasan cada poco tiempo y son bastante nuevos.
  8.  Los albañiles, taxistas y demás peatones te van a mirar de arriba abajo y te van a decir la primera barbaridad que se les ocurra. Otra cosa es que no importa el escote que lleves, aquí puedes lucirlo siempre que no lleves una falda demasiado corta.
  9.  Olvídate de que tu novio (aquí pololo) te toque el culo en público. Está muy mal visto y se considera una falta de respeto.
  10. Lo mejor del mundo es salir del metro un día de calor horrible y poder tomarte un  vaso de mote con huesillos por 500 pesos (0’80€) o una sopaipilla por 100 pesos (0’16€)
  11.  Aquí la fruta sabe a fruta. Por mucho que ellos digan que la mejor fruta la exportan siempre es mejor que lo que se consigue en España en los supermercados.
  12.  El museo de la memoria es un lugar que se debe visitar. Es un museo dedicado a las víctimas del golpe de estado y la dictadura. Nunca se debe olvidar la historia, por muy dura que esta sea.
  13.  Al principio es difícil acostumbrarse a tener nana (interna). Levantarte por la mañana, entrar en la cocina y que una chica te ponga la mesa y te prepare el desayuno es más que raro. Sin embargo todas mis amigas afirman que te acostumbras más que rápido. Yo mejor no me acostumbro, que en nada me toca volver a hacerlo todo yo solita.
  14. Lo mejor para tu salud es que te acostumbres cuanto antes al agua del grifo. En casa lo normal es tomar o bebidas (refrescos) o agua con gas. Yo soy de la idea de que es mejor pasarlo mal un par de días a no poder tomar agua del grifo jamás. 
  15. Las propinas no son obligatorias, pero dado que los sueldos son tan bajos lo normal es dejar el 10% 
Por ahora eso es todo, pero estoy segura de que iré ampliando esta lista.

Sabes que has vivido en Chile durante un tiempo cuando...

Esta publicación no es mia, pero considero que es demasiado buena como para no compartirla

1- Una de cada cuatro palabras que oyes en la calle es “wea”, y ya casi logras entender lo que significa en cada contexto. (Aunque todavía no consigues descifrar la frase “Ey pasame esa wea, que wea?, esa wea que esta al lado de la otra wea”)

2- Has comido completos a cualquier hora del día por 500 pesos y “palta/mayo” se ha convertido en tu nueva palabra mágica.

3- En verano, con 30 grados, la gente está desesperada por el calor insoportable y tú andas siempre al menos con una rebequita en el bolso porque para ti aún no ha acabado la primavera.

4- Miras la previsión meteorológica para mañana y descubres 25 grados de diferencia entre la temperatura máxima y la mínima. En consecuencia te vuelves loca para decidir qué ponerte.

5- Sabes distinguir el olor del gas lacrimógeno a kilómetros de distancia y has aprendido a moverte por la ciudad esquivando protestas que parecen la misma guerra.

6- Planeas viajes al sur y al norte. El este y el oeste han dejado de tener sentido.

7- Mides las noches de fiesta en número de pisco-sours. En el Bar Berri 4 es equivalente a la muerte.

8- Has llegado a considerar a los perros callejeros parte del mobiliario urbano y ya no te molesta que te persigan, se sienten a tu lado mientras comes o tengas que esquivarlos cuando están dormidos en mitad de la acera.

9- Descubres que el queso mantecoso es la piedra angular de la gastronomía chilena. Que se puede mezclar con todo, que es maravilloso con machas, que pan mantequilla y queso ya no es una redundancia, que no alegra lo mismo un huevo que un huevo con queso y que más vale que te guste porque no hay mucha más variedad quesera.

10- Olvidas la palabra merienda y a media tarde te dan ganas de tomar once.

11- Te planteas poner una empresa de persianas (ese invento que sólo existe en España).

12- Comprendes los significados de “cuático” y “brígido” y ya casi sabes cuando usarlos. (una vez que los dominas descubres que hay algo peor que “brígido”... “trígido”!! wtf O_o ¿tres veces brígido? )

13- Te advierten que NUNCA puedes decirle paco a un paco. Aún así piensas que en algún momento se te escapará y serás deportado.

14- Si has pasado tiempo con niños pequeños has aprendido expresiones tan tiernas como “hacer tutito” y “hacer nanai”.

15- En 6 meses aún no has visto un restaurante de comida chilena, pero si un millón de lugares a los que llaman “sanguchería”.

16- Has aprendido a utilizar una lata con hoyos para tostar el pan y para que el arroz quede en su punto.

17- Después de varias conversaciones fallidas con autóctonos te has planteado si en este país hablan el mismo idioma que tú. (ctm la wea brigida wn!)

18- Ya no te dejas engañar, sabes que "voy altiro" es la mentira nacional.

19- Descubres que en el metro, aunque parezca imposible, siempre cabe una persona más (o incluso 10 a codazos).

20- Después de esperar 2 horas y media para realizar cualquier trámite te atiende una señora que te llama “mi amor” y parece que todo es menos malo.

21- Te han dicho más de cien veces: “¿¿Essssshhpañola??, joder, ossshhtia, tio”. Y tienes ganas de matar a alguien!

22- Sabes lo que significa: fome, bacan, amurrarse, la chucha, bencina, carretear, caña, cachureo, chamullento, chanta, chascona, combo, copete, condoro, durazno, frutilla, zapallo, filo!, guata, guagua... y así hasta el infinito y más allá.

23- Has dejado de preguntarte por qué en el supermercado usan diez bolsas de plástico para guardar los diez productos que acabas de comprar. Tampoco te importa ya dónde llegarán los 2 pesos que siempre acabas donando cuando te lo pregunta la cajera.

24- Has comido tantos asados que no podrías enumerarlos.

25- Has comido tantas empanadas que si las rememoras probablemente vomites.

26- Es domingo y el supermercado abre, yuju!

27- Asumes que convives con animales mortíferos y todas las catástrofes naturales que habías escuchado juntas.

28- Sin querer dices “palta” en vez de “aguacate”.

29- Vas por la calle y un taxi te mata del susto pitándote, por si acaso te quieres montar.

30- Ya no vas al chino a por botellón, vas a la botillería.

lunes, 21 de enero de 2013

El habitante y su esperanza


Toca retomarlo donde lo dejé, en el aeropuerto de Santiago de Chile. Desde el aeropuerto, lo primero que ves de Santiago es Renca. Renca es una barriada pobre, muy pobre, con calles de tierra y chabolas. Tras eso ya nos internamos en la ciudad, con su consecuente tráfico.




Tal vez la cosa más impactante de Santiago es lo cerca que esta la cordillera de los Andes. Literalmente se eleva en medio de la niebla y la polución sobre la ciudad. La ciudad se ubica en un valle entre dos cadenas montañosas. Todo es marrón, no existe una vegetación propiamente dicha, solo unos arbustos con espinas de color verde oscuro. Si de por si es una zona seca la desertificación asoma por todas partes, especialmente en esta época del año.

Estos días me quedo en casa de la familia de mi amiga B, en la comuna de las Condes. Para que os hagáis una idea la comuna tiene 99 km2. Tardo media hora en llegar caminado al metro y de ahí tengo que tomar un metro y un autobús para llegar a cualquier lado y eso sin salir de la comuna. Todo el mundo que conozco, excepto por P, vive en esta comuna, pero eso no significa que estemos cerca.

En los tres primeros días en Santiago evidentemente nos dedicamos a hacer lo mismo que todos los turistas. Visitar la Moneda (de lejos), la plaza de armas, subir al cerro Santa Lucia (sorprendente por lo estrecho y empinado que es. 69 metros que se suben por unas escaleras terriblemente estrechas, empinadas y resbaladizas. Todavía conserva parte del fuerte que se construyó durante la reconquista). Al segundo día paseamos por el barrio de Bellavista después de comer en el mercado central. Comimos chupe de marisco, locos mayo y ceviche de reineta. El chupe de marisco es una especie de olla con un montón de mariscos picados, cebolla, pan y queso rallado, todo cocinado en el horno. Los locos son un marisco típico de Chile y el ceviche es pescado, cebolla y pimientos cocinados con limón.

El barrio de Bellavista es una zona universitaria al otro lado del rio Mapocho (que por cierto, está completamente contaminado. En verano es un riachuelo marrón pero con una fuerza terrible, al parecer en invierno sube hasta dos metros y en temporadas de mucha lluvia se desborda). Bellavista tiene muy buen ambiente. Está lleno de bares y restaurantes donde la cerveza se vende por jarras de dos litros a 3.000 pesos, es decir, 4€. Esa noche tuvimos la fiesta de graduación de C, con una tarta divina. Y por fin P junto el valor para venir a verme… jejejeje fue una buena noche en la que nos pasamos un ratito charlando sobre mis planes y traduciendo parte de la conversación J, que parecía el mas interesado de todos en todo lo que pasaba a su alrededor.

En general Santiago no me parece tan distinto a otras ciudades. Es grande, bulliciosa, los autobuses conducen como locos… tienes que acostumbrarte a que los hombres te griten barbaridades y a tener mucho cuidado con el bolso, pero por lo demás... Por ahora las primeras impresiones de Santiago son buenas.

En próximas entregas el viaje a Valparaíso, Viña y Reñaca

domingo, 20 de enero de 2013

Residencia en la Tierra

Estas últimas semanas han sido una locura. Desde el lunes que desperté con la idea en la cabeza de que tenía que ser esa semana o nunca todo ha ido demasiado rápido como para que pudiese pararme a pensar. Ahora, una semana después de haber empezado mi viaje por fin tengo tiempo de pararme a analizar.
Así empezó todo, casi sin contar, el lunes me levanté, encendí el ordenador y chequee los precios de los billetes de avión, como todos los días… y ahí estaba, el viaje para el domingo a 900€, lo más barato que había visto en mucho tiempo. Definitivamente ese viaje estaba esperando por mí. Antes de atreverme a comprarlo les pregunte a mis amigas de chile que les parecía si viajaba el domingo. La respuesta fue rotunda “No puedo creer que el lunes te vaya a ver!!” Así que el martes a la noche compré el pasaje que me llevaría desde Santiago hasta Santiago, 24 horas de vuelo, tres aviones y tres escalas con muy poco tiempo entre ellas.

Lo peor de salir con tan poco tiempo es que no puedes despedirte de la gente. Pero bueno, después de un año amenazando con irme creo que no fue una sorpresa para nadie. Cuatro días de locura y muchas despedidas apresuradas después me encontraba el domingo otra vez en el aeropuerto. Despedirme ya es algo común en mí. En esos casos normalmente no siento pena, solo excitación por una nueva aventura, nervios por el vieja, por lo que me espera al llegar. Para mí no es una despedida, siempre es un hasta luego, siempre volvemos a encontrarnos….

Otra señal de que este era mi viaje es lo fácil que fue todo. Todos los aviones salieron a su hora. No tuve un solo problema en ninguna de las aduanas. Pese al poco tiempo de escalas siempre llegue a los vuelos con tiempo de sobra para descansar y hablar con la gente. En mi vuelo iban dos chicos vascos de mi misma edad con los que pude compartir las muchas horas muertas que pasas en un avión. Y casi sin darme cuenta estábamos en Santiago, pero esta vez de Chile.

La aduana fue una tontería, yo y los dos chicos solo tuvimos que decir que íbamos de vacaciones y nos quedábamos con unos amigos. La declaración de objetos otro tanto de lo mismo. Y de repente estábamos fuera, rodeados de mil taxistas que no hacían más que preguntarnos si queríamos ir a algún lugar. Conseguimos salir del aeropuerto y en la calma de la calle centrarnos en localizar a nuestros respectivos amigos y en su caso, futuros jefes.

Lo gracioso fue que durante todo el viaje todos jurábamos y perjurábamos que íbamos de vacaciones, en cuanto salimos del aeropuerto fue el momento de la verdad y todos dijimos a lo que íbamos. Ellos ya tenían trabajo pero no habían tenido tiempo para tramitar los visados. Ya con calma y mientras ellos vigilaban mis tres maletas pude localizar a B. y a J. y después de hacer un auténtico tetris para encajar los tres y las maletas en el coche nos fuimos a Santiago.

Y a partir de ahí empezó lo que seria mi primera semana de vacaciones en Chile, que ya os contare en la siguiente entrada. Espero no haberos aburrido demasiado.